De monstruos y política

“Es la cultura, estúpidos”

Para ponernos al parejo en los insultos electorales, permítanme interrumpir la guerra de spots con esa frase.

Pese a la inexistencia del tema cultural en las propuestas de los candidatos a cargos de gobierno y legislativos, este es el tema de fondo, que solucionaría de fondo la crisis social y de seguridad que vive el país.

Una razón de la ausencia de la cultura en el discurso político es porque los candidatos, en general, consideran que este tema no da votos, pese a que hoy la cultura es considerada el cuarto eje del desarrollo a partir de la Declaración de Fribourg sobre Derechos Culturales aprobada en Ginebra en 2007.

Esta declaración fue para demostrar la importancia de los derechos culturales como parte esencial de los derechos humanos, mediante el reconocimiento de la universalidad a través de la diversidad.

Esta declaración establece que los derechos culturales son parte de los derechos humanos para “la prevención de guerras, violencia y terrorismo”.

La declaración también identifica la relación de identidad y el patrimonio cultural en referencia a comunidades culturales, subrayando la necesaria implementación de los derechos culturales por los actores del sector público, privado y social, teniendo la responsabilidad de interactuar para asegurar su ejercicio y el respeto a dichos derechos, mediante legislaciones.

El índice de la declaratoria es en sí un programa para la dignificación y relevancia de los derechos ciudadanos, al dotar de herramientas a las comunidades para la defensa de su identidad y patrimonio cultural; el acceso a los bienes culturales de manera individual y comunitaria; el derecho a la educación y la formación artística; a la cooperación, la información y la comunicación; a la gobernanza (mediante la participación en las decisiones de la comunidad) y, con ello, a la inserción a la economía y la sustentabilidad del medio ambiente.

En México, difícilmente se invierte 2 por ciento de los presupuestos públicos en cultura, frente a un 18 por ciento en Francia o un 16 por ciento en las autonomías españolas. Aquí no podemos salir del círculo vicioso de más violencia, para más presupuesto en armamentos, que a su vez no soluciona nada.

Hoy, en la Ciudad de México, la Asamblea Legislativa acaba de aprobar la Ley sobre Derechos Culturales que debería ser respaldada destinando más recursos a la cultura.

Desgraciadamente, es un tema ajeno en las campañas electorales y nos permite convocar la famosa frase de los estrategas de Clinton en 1992.

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