De monstruos y política

La consulta y el futuro

Preguntar a la sociedad y la elección plebiscitaria sobre un tema como el de la energía, donde no existe acuerdo y una mayoría tiene confusiones, es la opción para formar una opinión pública sólida sobre la perspectiva energética del país.

Unidos por ese concepto concreto y abstracto que conocemos todos como “el pueblo de México” al que como republicanos invocamos, frente a él, de nuevo las fuerzas políticas están divididas al ofrecerle la visión del futuro nacional. La consulta sobre el futuro energético en 2015 es la opción para construir una nueva realidad política y una nueva cultura para decidir el futuro nacional.

Para unos, lo que viene es la catástrofe económica a raíz de las reformas que se llevaron a cabo en 2013. Para otros, las reformas darán como resultado el auge, el descenso de tarifas en el pago de la energía y, por tanto, un crecimiento de la economía familiar y el bienestar general.

La propaganda oficial del gobierno de Enrique Peña Nieto es muy semejante a la de José López Portillo o Carlos Salinas, que nos convocaron a prepararnos para el progreso y que dijésemos a nuestros hijos que la crisis había terminado: ambos sexenios terminaron en el desastre devaluatorio y ampliaron los círculos de la pobreza.

Frente a la división de visiones, el presente se caracteriza por la paralización del segmento más amplio de la sociedad frente a las reformas y los discursos; desde la confusión, es la clara posición política de la ausencia, que no por no estar presente, no es pasiva, sino que tiene un gran peso para cuestionar no solo las decisiones de gobierno, sino también a los de la oposición crónica a cualquier reforma. La mayoría cree en su destino fatal; considera que es objeto y no sujeto, pues en México las reformas no han sido en beneficio de la sociedad, sino en su detrimento y los que proponían el cambio y la transformación hoy son avasallados al defender un presente que tampoco es bueno para nadie.

En el país impera la incertidumbre y la duda. Son muchos años de engaños, trampas, falsas promesas, gatos por liebres. El ostracismo social frente a los peligros significa en gran medida el desgaste del reformismo, el conservadurismo de la izquierda, el estancamiento intelectual y político, el derrotismo y la falta de perspectiva crónica.

Por la última reforma —la energética—, el gobierno de Peña Nieto y el PAN sacrificaron el Pacto, que era la oferta contra la polarización que gobernó al país de 2000 a 2012 y que le abrió el camino a la restauración priista. Reformas si, reformas no, dividieron a la izquierda y con ello se garantizó el final del Pacto al que se le vio morir sin que nadie lo defendiera, pues tanto las reformas buenas como las malas cayeron en el mismo saco de maniqueísmo de los buenos y malos, el oportunismo y canje de posiciones.

El PRI y el gobierno federal optaron por ganar confianza internacional ofreciendo acceso a los recursos como el petróleo y ya no la certidumbre, lo cual en el corto plazo podría traducirse en la llegada de capitales que generen una burbuja de auge que vendría a legitimar la reforma energética y un nuevo ciclo de saqueo. Para los grandes intereses trasnacionales y de los poderes de facto en México, la apertura sin reglas, las reformas sin reglamentación es ajustar las leyes a sus intereses e imponer sus razones privadas sobre el bien común.

¿Qué sucederá si se mantiene como línea política el pronóstico del derrumbe y esto no sucede? ¿Cuál sería la estrategia para 2015 si la profundización de la crisis no llega? ¿Cuál sería el papel del nuevo Congreso ante una imposibilidad de lograr reformas con una sola fuerza legislativa?

Ante la incertidumbre, la Consulta Nacional sobre el petróleo es, de manera natural, la sustitución del Pacto abandonado, pues es el germen y la vía política para dirimir las grandes diferencias nacionales.

La consulta es una perspectiva ante el desgaste de los mecanismos legislativos y el vacío que existe en las formas de gobierno que se han resistido a cambiar frente a las nuevas realidades. La consulta a la sociedad y la elección plebiscitaria sobre un tema como el de la energía, donde no existe acuerdo y una gran mayoría tiene confusiones, es la opción para formar una opinión pública sólida sobre la perspectiva energética del país. El camino de la imposición está agotado, y de imponerse, la espiral de la confrontación estará asegurada.

Si para unos viene el desastre y para otros el auge, que sea la sociedad en 2015, en la consulta que se ha propuesto, la que decida en las urnas. Eso nos serviría a todos.

www.marcorascon.org

http://twitter.com/MarcoRascon