De monstruos y política

La Constitución de Ciudad de México: hacer lo imposible

El conservadurismo dice que la propuesta presentada es una propuesta útopica y con demasiados derechos incumplibles.

Muchos críticos han callado ante la propuesta presentada a debate, pues lo que se vaticinaba como restrictivo y anulatorio de derechos, ahora se crítica por excesivo e "incumplible".

La respuesta constituyente debe ser que una Constitución no es una visión solamente del presente, sino un diseño para el futuro. Una Constitución sin visión ni perspectiva no sirve, nace obsoleta, es un texto muerto y la realidad la rebasaría desde su promulgación.

La Constitución, por definición, debe ser aspiracional, convocante, programática. Es un proyecto y construcción pactado.

La gran dificultad es que, desde hace años, en México no estamos acostumbrados a debatir el futuro. Del diagnóstico no se pasa y de la oposición de unos contra tros. Solo se reacciona ante hechos consumados e impuestos. Pensar el futuro es considerado inútil, loco, imposible, pero es la única salida.

Para sustentar todos los derechos que propone la propuesta original es necesario plantear su cumplimiento histórico y procesos a fin de hacer cada derecho sustentable.

La Constitución de Ciudad de México, si bien quedará sujeta a la Constitución nacional, también será un referente vivo para reformar la general y para que cada uno de los 31 estados la replique e igualen.

Los enemigos del Constituyente son los que han reformado el país para restar derechos, acabar con lo público y la solidaridad entre mexicanos.

En la Constitución de 1917, los grandes problemas nacionales fueron considerados compromisos no cumplidos de la Revolución que deberían serlo. Los derechos estaban más allá de las posibilidades de su legislación.

Fue hasta el cardenismo, 17 años después, que se inició el cumplimiento de los derechos a la educación, la tierra, el trabajo y los recursos naturales en beneficio de México.

La Constitución de la ciudad es un momento extraordinario, una oportunidad inmensa, dentro del ambiente de odio y polarización, para cambiar visión y cultura política, viendo con audacia lo que hay que hacer en común, por el bien común.

Es un momento para hacer posible, lo imposible. Ojalá los diputados constituyentes no se replieguen ante la presión de quiénes argumentando que "no hay presupuesto" quieren frenar la visión y proyección de un nuevo pacto social, basado en compartir derechos, futuro y decisiones, entre gobernantes y gobernados.

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@MarcoRascon