De monstruos y política

El collar de María Antonieta

Los que incuban el huevo de la serpiente mediante la provocación y el oportunismo —ambos nefastos y peligrosos— quieren que caiga la izquierda para que se mantenga el viejo régimen y nadie plantee un cambio democrático de fondo como salida a la crisis nacional.

¡Ya hay versión! ¡La incertidumbre era el problema de fondo!... ¡Se acabó!... ¡Sigamos igual!

Sin embargo, el país está más allá de la versión oficial. Para los creyentes de ella y los que no, México se debate entre un largo tiempo de construcciones y destrucciones; revoluciones y retrocesos; entre espíritus libertarios y provocaciones; ciudadanos indignados y demagogos; políticos quebrados y nuevos ricos; monopolios protegidos y trasnacionales amenazantes; entre aquellos que para salvarse acusan, pero donde nadie se salva.

La agresión a Cuauhtémoc Cárdenas el 8 de octubre; la expulsión con insultos de Jesús Zambrano de la UNAM; la agresión directa contra Adolfo Gilly el miércoles 5 de noviembre y su expulsión de la marcha al Zócalo; la quema del Metrobús el mismo día por un grupo de encapuchados; el ataque en Veracruz contra Alejandro Encinas anteayer acusándolo como a los otros de ¡asesino!; la quema de la puerta de Palacio Nacional también por encapuchados ante el rechazo de 3 mil manifestantes pacíficos, tiene un mensaje y un interés: hay que despolitizar la protesta y Ayotzinapa no debe perderse en el rencor, la frustración y el laberinto de la ira.

Los que incuban el huevo de la serpiente mediante la provocación y el oportunismo —ambos igualmente nefastos y peligrosos— tienen como objetivo que caiga la izquierda, para que se mantenga el viejo régimen y nadie plantee la posibilidad de un cambio democrático de fondo, como salida a la crisis nacional. ¿Qué pasa ahora?

La extensa explicación del procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, sobre los 43, tuvo como obsesión salvar al Estado mexicano y dividir a la sociedad mexicana entre los que necesitan una versión oficial para regresar a lo mismo y los que plantean que Ayotzinapa debe ser un ¡ya basta! contra la descomposición del Estado nacional. Ese tufo bonapartista del viejo régimen, siempre omiso, siempre responsable y en su primavera sexenal se ve cansado y repetitivo.

El gobierno federal dio su versión: tres idiotas mataron a 43 muchachos desarmados; los arrojaron a una barranca con basura y les prendieron fuego para desaparecerlos. El jefe local de la federación del crimen que ordenó la ejecución se creyó la versión maniquea de su empleado, el alcalde José Luis Abarca, para que los normalistas fueran asesinados en la espiral de la lucha por territorios, de criminales contra criminales…

Históricamente, la forma en que el Estado mexicano maneja sus violaciones institucionales ha sido la misma:

El 2de octubre de 1968, “unos francotiradores tiraron primero a los soldados”. El 10 de junio de 1971 “fue un enfrentamiento entre estudiantes”. En 1994, el asesino de Luis Donaldo Colosio fue “un asesino solitario” sin agenda, ocurrente, espontáneo. A Francisco Ruiz Massieu lo matan por “pugnas familiares” dos idiotas manipulados por un diputado que desaparece para siempre (Manuel Muñoz Rocha) y gracias a ello, nunca hay verdad ni justicia. En 2010 en San Fernando, Tamaulipas, se da una primera masacre (79 indocumentados) y posteriores hasta 2011 se llega a 190 cuerpos encontrados, y lo que es una política antimigratoria mediante el terror se dijo que “fue un intento de reclutamiento forzoso por los Zetas”. En Tlatlaya “se resistieron” y los mataron.

En la versión de Ayotzinapa 2014, es lo mismo: el modus de las versiones oficiales son: confusión, enfrentamiento entre grupos antagónicos, criminalización de las víctimas y el deseo de que todo siga igual.

El viaje de Enrique Peña Nieto a China no es un asunto de insensibilidad (eso es inherente), sino para mantener frente al mundo que su agenda económica no ha cambiado; que Ayotzinapa es un asunto local, y que la gobernabilidad está intacta.

El viaje es un asunto de sobrevivencia para la única agenda gubernamental, pues al interior, hoy no existe ninguna. Hoy que la licitación del tren a Querétaro está ligado a la casa comprada por la primera dama, respaldada por una empresa ligada al concurso y la cancelación del otorgamiento de la obra al único ganador chino, nos recuerda el caso del collar de la reina María Antonieta que se considera un escándalo precursor de la Revolución Francesa, por el cúmulo de intrigas, provocadores, ambiciones, la indignación popular y la decadencia de un naufragio nacional que intenta ocultarse: la  realidad del país, parece decir lo contrario.

Todos los fantasmas, las injusticias acumuladas, se están haciendo presentes. Ya nada es ni será igual para nadie y los que quieren salvarse hundiendo a otros tampoco tienen futuro.

Ésta no es una primavera, es un otoño. Un tiempo político donde sucede en días el resumen de lo que hemos vivido por años.

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