De monstruos y política

2015: ¿batalla, repliegue o desbandada?

Para 2015 no hay ningún indicio de corregir y reconocer errores. En el PRD la lucha por la presidencia del partido está marcada por un extraño confort disfrazado de amenazas de rupturas.

De seguir la tendencia de todos aquellos que se reclaman parte de la izquierda partidaria electoral en México, el próximo año podría ser un desastre.

Se acumulan no solo las diatribas presentes, sino también la negación a ver autocríticamente las causas de las grandes derrotas, aún inexplicables en 2006 y 2012, que han dejado como secuela un estado general de desbandada política, organizativa, conceptual, que gracias a ella el PRI, siendo una fuerza minoritaria en 2006 (23%), recuperó la Presidencia seis años después.

¿Cuál es el origen? Las órdenes confusas y bañadas de triunfalismo desde la máxima dirección política del lopezobradorismo previo a la elección de 2006 violaron todas las leyes de la estrategia, mismas que se han prolongado negativamente, pues hoy esa dirección convertida en el partido Morena parte de que aquella fuerza permanece intacta y justifica ahora la división de la fuerza propia, pues al no reconocer los errores propios, estableció que la causa de su derrota fueron razones externas, producto del fraude y la traición, que ahora deberán ser sustituidas por la pureza y el vanguardismo.

Eso le lleva a establecer como objetivo central derrotar, no al PRI o al PAN, sino a la misma izquierda e incluso a sus aliados más cercanos, como el PT y Movimiento Ciudadano, donde tripula su sigla.

La estrategia de un registro propio, sin más control interno que el liderazgo de López Obrador, le lleva de manera natural a favorecer al PRI y actuar contra su propio campo, del cual se deslinda acusando de traición a toda aquella manifestación que no se le subordina.

Sun Tzu, el ideólogo de la estrategia de guerra, señala que un imperativo para ganar y vencer al contrario requiere superar al enemigo mentalmente, es decir, venciéndolo no solo en el campo de batalla, sino en su propio terreno y frente a sus propios aliados y soldados.

Al centrar toda la política en “la resistencia”, abandonando los objetivos de la transformación, la izquierda, y no solo Morena, se refugiaron en el pasado, el terreno que el PRI abandona y se deslinda para presentarse como un partido nuevo y rejuvenecido. Pésimo.

Más allá de otros errores inmensos de 2006, como la ausencia en el primer debate a falta de ideas superiores; el triunfalismo basado en la fe del derecho a ganar, sin reconocer la fuerza del adversario; la colocación de toda la fuerza y la estrategia en el plantón Zócalo-Reforma “para impedir la salida violenta”; el divisionismo posterior y la desbandada, hasta la república amorosa seis años después, lo que han construido es una profunda derrota en el orden ideológico, programático, organizativo, ético y de perspectiva, no solo del núcleo lopezobradorista, sino de toda la izquierda electoral.

Lo peor es que para 2015 no hay ningún indicio de corregir y reconocer errores.

En el PRD la lucha por la presidencia del partido está marcada por un extraño confort disfrazado de amenazas de rupturas. Cada corriente y bloque de ellas busca preservar su fuerza, sus diputados, sus plazas y posiciones. No hay ninguna corriente que esté proponiendo cambios a las reglas establecidas, y ya agotadas, que mantienen al PRD paralizado organizativamente e imposibilitado para crecer. Los porcentajes de su elección interna serán trasladados a 2015 y solo eso es el fondo del conflicto.

A diferencia de Morena, PT y Movimiento Ciudadano, el PRD estableció un objetivo a mediano plazo a través de la consulta para revertir los términos de la reforma energética. Esta iniciativa es el arma distintiva a la que de manera tardía y divisionista se pretende subir Morena ante el resquebrajamiento de su estrategia que pretendía, con base en “llenar el Zócalo”, detener la decisión de los impulsores de la reforma.

No obstante, dado el divisionismo, 2015 podría significar una grave derrota que muchos adjudicarán al fraude, para no reconocer nuevamente los errores que ya se ven, pero que pocos han advertido y señalado.

La historia de los avances importantes de la izquierda mexicana se hizo remontando el sectarismo. Hoy existe un culto a esta práctica política, lo cual ha llevado a la enajenación y la descomposición del pensamiento lúcido que pregonaron a los que se decían estaban al lado de las mayorías y del pueblo.

El nivel del pensamiento es menor y está basado en la construcción de mitos, como aquellos que creen que sus recuerdos gloriosos son el presente y parten de ellos para definir sus posturas políticas.

Por el mismo camino, reventando una y otra vez la unidad, no solo la izquierda se convierte en una minoría crónica, sino también funcional para lo que dice combatir.  

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