De monstruos y política

Nuestras aportaciones al mundo

Somos el contraste; el bien y el mal unidos; esencia contradictoria; hogar de ogros bienhechores; malvados demasiado buenos que conocemos nuestros males, pero somos omisos para resolverlos.

El cine de Hollywood, y su fiesta central, nos ha incorporado. Alejandro González Iñárritu ha ganado el Oscar, la máxima presea a su creación cinematográfica, al mismo tiempo que el papa Francisco, en un correo electrónico personal a un amigo Argentino, le advierte del peligro de una posible mexicanización, cerrando el ciclo de lo que ya no somos: el faro de América Latina, el hermano estable y solidario. Con este mensaje sobre el pueblo guadalupano, el papa Francisco nos ha dibujado como el país líder de la inseguridad, la incertidumbre y la violencia; el traspatio, el país saqueado y corrompido.

El mismo día se cruzaron el correo del Papa con la noticia del Oscar a González Iñárritu, comprobando que somos difíciles de clasificar y donde desde el exterior nos ven como un país inestable y en violencia extrema que ha provocado que sus intelectuales, científicos y artistas tengan que triunfar en el exterior.

El concepto de la mexicanización es ahora un término internacional de inseguridad que le arrebatamos a Colombia y que veíamos a la distancia con temor. En otros años aportamos el llamado efecto tequila cuando fuimos vanguardia de la insolvencia financiera, de las devaluaciones que generaban olas de crisis en otros países y en los organismos financieros internacionales que se apoderaban de las soberanías económicas para alimentar las cajas de capitales depositados en Suiza.

México es famoso hoy por su equipo de oligarcas escondiendo sus capitales en bancos extranjeros, ahora que se mezclan las crisis de inseguridad, las de credibilidad, de legitimidad, la económica, la política y la social… pero sin afectar en lo más mínimo el sistema de partidos sumidos en el autismo electoral.

Alejandro González Iñárritu es sin duda un orgullo nacional no solo importante, sino necesario. El país se ha colgado de él y lo felicita hasta el mismo gobierno al que calificó de inmerecido.

El mensaje de Alejandro González Iñárritu tiene la fuerza de un exiliado y representa a los miles de trabajadores y talentosos que se han ido ante la paralización del país, su polarización, la incapacidad de entendimiento, la voracidad y el resentimiento.

México aporta al mundo una imagen contradictoria como en 1968, donde se mezclaba el grito del 2 de octubre con la Olimpiada; como en 1994, entre la entrada a Norteamérica y la insurrección indígena; como hoy, entre la algarabía de un Oscar ganado por un director mexicano y el llamado del Papa a “no mexicanizarse”.

Somos contradicción. Un águila y una serpiente; la lucha entre la tierra y el fuego, siempre en movimiento, errabundos y buscando un destino.

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