De monstruos y política

75 años del exilio español en México

Tratándose de la historia del exilio español en México, no es fácil hacer conclusiones ni decir palabras finales porque no las hay. El acontecimiento y las consecuencias de la migración española no son un final de viaje, sino un futuro común.

Cuando unos se van y otros llegan, siempre se hacen dos preguntas: unos dicen “¿por qué se fueron?”; los otros cuestionan “¿por qué vinieron?”.

Son dos preguntas que cargan siempre los migrantes, particularmente los exiliados, en su memoria. Son dos preguntas que traspasan generaciones, marcan la existencia de los que siempre serán de allá y de acá.

Por la fuerza de la aspiración republicana y democrática, el exilio español en México creó a los españoles de México y a los mexicanos de España, que son parte ya de la identidad nacional.

La posición del gobierno del presidente Lázaro Cárdenas no era filantrópica, sino un acto de convicción y solidaridad efectiva con la causa republicana. Por eso, el significado de la llegada del exilio español republicano a México tiene una característica esencial: el destino común.

El símbolo y semilla de ese destino común son, sin duda, los 456 “Niños de Morelia” que ante la disyuntiva entre peligro e incertidumbre en la guerra, la separación forzosa y el recibimiento solidario, representaron a los mexicanos y a los españoles que lucharon y combatieron en defensa de la república en España. Hoy, la estirpe de esos 456 niños es parte de la hermandad entre el pueblo español y el mexicano.

Justo es recordar y reconocer el trabajo de María de los Ángeles A. de Chávez Orozco, del Comité de Ayuda a los Niños del Pueblo Español; a doña Amalia Solórzano Bravo, a Carmela Gil de Vázquez Vela, y la señora Matilde Rodríguez Cabo de Múgica, quienes asumieron la responsabilidad de garantizar el futuro y compromiso mexicano para los 456 niños exiliados víctimas de la guerra y el fascismo.  

Fue Daniel Cossío Villegas quien fundó la Casa de España en México, de la cual nacieron el Colegio de México y el Fondo de Cultura Económica, además de que se fortaleció la academia en la UNAM y el recién formado IPN.

Por la presencia del exilio español, las luchas democráticas en el país se fortalecieron. La llegada de más de 25 mil españoles robusteció, no solo la identidad latinoamericana, sino también el pensamiento contra el “Destino Manifiesto” y el delirio de la guerra fría.

En México, el nacimiento de editoriales, las luchas obreras contra el control corporativo y las universidades como centros de pensamiento libre y formación de profesionistas nacionalistas y críticos de la dependencia está marcada por la presencia e influencia del exilio español. Ya para los años 60 los hijos de los refugiados son protagonistas en las luchas universitarias, magisteriales, de los médicos, como defensores y asesores del sindicalismo independiente. Cómo no reconocer a estas fechas a Carlos Fernández del Real y Néstor de Buen, en defensa del sindicalismo independiente; Mario Zapata (Antonio Pérez), Carmen Tagüeña y María Luisa Capella en la educación. Un homenaje también a los soldados del Ejército mexicano que combatieron voluntariamente en las batallas de Jarama y El Ebro, como Néstor Sánchez Hernández, más los cientos que ahí murieron de manera anónima.

El rompimiento de relaciones diplomáticas de México con el franquismo paradójicamente nos acercó más a España. Esa hermandad de espíritu estará presente en las luchas obreras y sindicales previas a 1968; en la insurgencia sindical de los años 70, en la formación de los sindicatos universitarios y los trabajadores de la industria nuclear, en el aula formando profesionistas e ingenieros como la labor de Manuela Garín (madre de Raúl Álvarez dirigente de 1968), que sigue cumpliendo años, más allá de los cien, pues ella tuvo una primera fecha de nacimiento en España, otra en Cuba y otra en México y aunque llegó antes de la Guerra Civil, es parte de la fundición humana e intelectual que se forjó en México con el exilio español.

En la actualidad, en México y España vivimos nuestras propias convulsiones. España como integrante de la Unión Europea y México como parte del bloque de América del Norte. En las últimas dos décadas España ha transitado bajo las reglas del Pacto de la Moncloa, y México en una trama de reformas, vacíos y búsquedas que a veces más parece naufragio que transición.

Los españoles de ayer y hoy, los mexicanos de hoy y ayer, la herencia cultural del exilio, son parte ya de nuestros hermanamientos que 75 años después adquieren gran vigencia ante la crisis española y la realidad confusa mexicana.

Tratándose de la historia del exilio español en México, no es fácil hacer conclusiones ni decir palabras finales porque no las hay. El acontecimiento y las consecuencias de la migración española no son un final de viaje, sino un futuro común.

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