De monstruos y política

La agenda de la provocación "vs." los justos

Los provocadores dividen, confunden, restan y realizan actos al margen de los acuerdos. Deben ser públicamente denunciados y cuestionados. Son el enemigo en casa. nada tienen que ver con la lucha de los justos.

Los que se oponen a la violencia. Los que luchan por la paz y los derechos. Los que argumentan. Los que se manifiestan contra la corrupción y la demagogia. Los que quieren un país democrático. Los que buscan la libertad de todos, los que no solo están dispuestos a dar la vida, sino la cara: son los justos.

La cara no solo es un rostro, sino son convicciones y razones. La clandestinidad es una imposición del enemigo y, por eso, la violencia revolucionaria solo se justifica cuando se han cerrado todas las vías democráticas y se han suspendido todos los derechos.

La misión de los provocadores es generar la violencia confusa y justificar la represión contra los justos, los que reclaman el ejercicio de sus derechos, los que demandan la verdad sobre los crímenes.

Los provocadores quieren ser más importantes que la demanda de que regresen vivos los 43. Si el gobierno no los ha comprado es porque los provocadores no están en venta, son de ellos. Pagados o no, le sirven a la derecha, al fascismo, a los que reclaman que se imponga el orden sobre la libertad, a los que exigen la represión contra los justos.

Se ha demostrado que manifestaciones sin policías son pacíficas. Así fueron las de la comunidad del Instituto Politécnico Nacional de septiembre, la del 2 de octubre e inclusive la del 8 de octubre en la cual un grupo de provocadores agredió a Cuauhtémoc Cárdenas y Adolfo Gilly como una señal de lo que preparaban. La escalada de la provocación es perfecta para disminuir el número de manifestantes (hubo un cambio sensible entre las marchas anteriores y las del lunes 1 de diciembre).

La provocación pretende, y ha venido logrando, que las manifestaciones pierdan su carácter cívico, amplio, general, plurisectorial, por una pretendida vanguardia intolerante y represora dirigida por el resentimiento que lanza su violencia no solo contra las fuerzas policiales, sino contra establecimientos particulares a los cuales declaran sus enemigos.

Lo sucedido el lunes 1 de diciembre estaba cantado y anunciado. (http://www.milenio.com/politica/anarquistas-quieren-palabras-disturbios-ideologia-anarquia-paz-justicia-represion_0_418758144.html) La simbiosis entre provocadores y represión es perfecta: como el amor entre el sadismo y el masoquismo.

Los provocadores se protegen entre los justos a los cuales desprecian y llaman cobardes por no sumarse a ellos. Los provocadores son tan dictadores y autoritarios como los que dicen combatir. Los provocadores son caricaturas y criaturas protegidas. Los provocadores son los esquiroles de los manifestantes que dicen que su incapacidad para convencer es una convicción revolucionaria.

Desgraciadamente, a veces la indignación y el coraje no permiten ver con claridad las experiencias de la provocación y la infiltración en 1968, 1971 y otros momentos de gran tensión política. Se dice que se restauró el viejo régimen, pero no se reconocen sus viejas prácticas.

Ante el ascenso de las manifestaciones, la manera autoritaria de frenar no solo es con la policía, sino con los provocadores. Tolerando a los provocadores, las manifestaciones ya no crecen, se reducen, se gastan, se agotan.

Grave error de los dirigentes, los representantes, los intelectuales que apoyan, cuando no se toma postura clara contra los provocadores. Es un error dejar pasar, pues se confunden las razones contra la injusticia.

Los provocadores no son inconscientes. Los provocadores y quienes los dirigen tienen una misión, una estrategia clara ante la debilidad de la unión.

Los provocadores son los que siembran una salida autoritaria a la crisis nacional. Son una fábrica de argumentos a favor de los que desaparecieron a los 43 y mataron a 6 en Iguala. Son los que están poniendo el huevo de la serpiente.

Los provocadores no quieren que el pueblo gane. Los provocadores quieren que los miles de jóvenes que protestan se frustren. Los provocadores buscan una nueva derrota popular ante el crimen. La provocación es la pornografía de lo radical, pues lleva la indignación a lo grotesco.

Los provocadores nunca son detenidos. Se detiene a manifestantes pacíficos para desviar a los movimientos de sus objetivos centrales.

Hoy por las noticias, ya son más importantes los provocadores que los 43 desaparecidos.

¿Cómo combatir la provocación?

Los provocadores huyen del debate, la unidad y los procesos abiertos.

Los provocadores dividen, confunden, restan y realizan actos al margen de los acuerdos. Los provocadores deben ser públicamente denunciados y cuestionados. Son el enemigo en casa.

Los provocadores nada tienen que ver con la lucha de los justos.

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