De monstruos y política

Que abdiquen los poderes fácticos

Los poderes fácticos en México no abdicarán, y hoy buscan manipular las reformas para conservarse, más allá de su desprestigio. Son los que impusieron una caricatura de transición y los que buscan como destino la incertidumbre.

Porque vivimos a golpes, porque apenas
si nos dejan decir que somos quién
somos nuestros cantares no pueden ser
sin pecado un adorno. Estamos tocando
el fondo, estamos tocando el fondo...
Gabriel Celaya

La abdicación del rey Juan Carlos de Borbón es un fin de ciclo de la transición en España.

Unos afirman que es el fin de la monarquía, otros consideran que es la búsqueda desesperada de su salvación. Lo cierto es que la crisis económica ya arrastró su estabilidad política fundada en 1975 y donde el rey fue un protagonista central.

La abdicación del rey como estrategia monárquica, a 48 horas, ha puesto en crisis el sistema bipartidista que fue creado por Juan Carlos de Borbón, sostenido por el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), principalmente, desde 1976.

La decisión del rey, el desprestigio de la monarquía, la debilidad política del heredero y la vieja confrontación que subyace entre monárquicos y republicanos ha puesto a miles de españoles en las calles exigiendo un referéndum —monarquía o república— que abrirá sin duda un nuevo proceso en España, pero donde la corona ya no es factor de solución como en 1975, sino de conflicto.

La crisis de la monarquía y su debilidad fue causada por la sustitución de facto por los poderes financieros, bancarios, inmobiliarios, especulativos y la gran red de corrupción que creció al amparo de la transición española.

Hoy parece ser que con la abdicación del rey se acaba el modelo de la transición española, que no obstante su descrédito y el hartazgo, la figura de Juan Carlos seguía siendo respaldada por los franquistas (PP) y socialistas del PSOE, que generaron el auge en los primeros 15 años, pero que empezó a derrumbarse a partir de 2010.

Los escándalos de corrupción de la familia real, el triunfo de la derecha en las narices del movimiento de los Indignados de la crisis, cuyo abstencionismo contribuyó al triunfo de la derecha ortodoxa, ya no distinguió a las fuerzas protagonistas del pacto de la Moncloa, el cual envejeció y se agotó.

Si el pacto de la transición fue un modelo para restaurar la constitucionalidad tras las dictaduras, aceptando pragmáticamente la convivencia de monarquía y república, en el caso de España, hoy la abdicación del rey a 40 años, establece la posibilidad de la III República mediante el rompimiento del pacto político actual. Otros pretenderán cambiar para que nada cambie. ¿Qué sucederá en la Unión Europea si la crisis política en España se profundiza?

Lo cierto es que la monarquía y el rey ya no son el punto del equilibrio y que más allá de los cálculos ideológicos de las fuerzas involucradas, el ideal de la república resurge, se prestigia y lanza a la calle con ánimo de reto a la oligarquía que se formó tras el trono y hoy es acorralada por la demanda de un referéndum para dirimir y acabar con la base del pacto de la transición (1975) y decidir entre monarquía y república.

A 75 años de la guerra civil y 40 de la transición, de nuevo la suerte de España está echada, pues la transición ha tenido límites y la abdicación del rey hoy es un punto de inflexión en el proceso histórico español que fuera modelo de inspiración, miles de veces invocado y que ahora entra en una profunda crisis.

Ya los reclamos independentistas en Cataluña anunciaban algo de lo que venía. España pareciera ser la puerta de una nueva convulsión europea, muy superior a la que produjo e impactó Grecia.

En México, el papel de nuestra reducida y devaluada transición la han representado, a falta de monarquía, los poderes facticos.

Los que obstaculizan al país, los que manipulan e impusieron un sistema de partidos para que reinara la discrecionalidad, el vacío, la paralización.

Sin embargo, los poderes fácticos de México gozan de una gran arma: son invisibles. Se mueve en las ondas hertzianas, en el sistema financiero, en alianza con poderes globales y trasnacionales; están en la especulación y consideran que son la base de nuestra estabilidad, pues se colocan por encima de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial del país.

Los poderes fácticos en México no abdicarán, y hoy buscan manipular las reformas y hacerlas a modo para conservar sus poderes, más allá de su desprestigio. Son los que impusieron una caricatura de transición y los que para imponerse buscan como destino la confusión y la incertidumbre.

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