De monstruos y política

Tepito y la ruptura del equilibrio

La Ciudad de México es uno de los escenarios políticos y sociales más observados e inciertos políticamente. Pero al igual que frente a un volcán como Yellowstone o el Santa Elena, los estudiosos y posibles víctimas opinan, ven y esperan de manera estoica el estallido impredecible.

Hasta antes del escarnio de Tepito contra la CNTE, la capital como campo de batalla mantenía un precario equilibrio de las fuerzas que aquí se enfrentan desde mayo, resultado de un país que está muriendo y otro que se está formando; uno que se ahoga resistiendo y otro que busca oxígeno.

El pasado jueves 17, el escenario empezó a lanzar piedras, lava y cenizas como advertencia del fin del equilibrio. Previamente, Tepito era: el polo económico de la informalidad conectado al eje Santa Fe-Tepito, que ofrece libre comercio tanto para los más ricos como para los sectores que exigen su derecho barato a la oferta global.

Ya desde antes del Bar Heaven de la Zona Rosa, Tepito era para muchos el símbolo del contrabando, la delincuencia organizada, el comercio informal, narcomenudeo, las mafias y pandillas, el barrio indómito, los boxeadores, futbolistas, la salsa, los sonideros y la cara intensa de la cultura urbana chilanga. Tepito es, por ello, el barrio más famoso de la Ciudad de México; es parte de la identidad de los capitalinos y es conocido como pocos en muchas partes del mundo.

Tepito es nuestro Casbah argelino; su laberinto de puestos es el símbolo de la autosegregación como arma y fortaleza; es el imaginario donde se consigue todo y lo que no hay se inventa; hospitalario y respetuoso del consumidor, pero receloso. Tepito es pedrada y botellazo contra cualquier extraño masiosare, venga de donde venga; es diplomacia de tú a tú con la policía; atracción y oferta, piratería de todo y en grandes volúmenes; cultura del antioperativo ya sea local, federal o extranjero. Ahí se reinventa a diario Shakespeare, Romeo y Julieta, el Mercader de Venecia y, salvo los martes (día tepiteño de descanso obligatorio en su religión gregaria), todos los días Tepito recibe a miles y les ofrece todo, lo mejor a menor precio y con buena cara. Es casi seguro que la ropa de los maestros, que llevaban puesta ese día, pasó por Tepito.

Si la izquierda obtuvo la gran mayoría con la fuerza del oriente metropolitano, hoy pude ser derrotada desde el centro. Tepito, con sus piedras, encontró un nicho de prestigio social ante la paralización de las fuerzas económicas y políticas locales.

El error de la CNTE y sus aliados ha sido asumir una actitud de invasores no de huéspedes en demanda de solidaridad. La CNTE y sus aliados contra la ciudad, han usado el derecho de manifestación que históricamente ha costado, no para convencer, sino para someter a los ciudadanos. ¿Cómo logró la CNTE y sus aliados locales la gran simpatía que hoy tiene Tepito en la ciudad a raíz de las piedras? No fue gratis. Tepito no regala. Reflexionemos:

En una simbiosis de grave retroceso democrático de la ciudad, el apoyo del lopezobradorismo a la CNTE ha desprestigiado a la CNTE; y el apoyo de la CNTE al lopezobradorismo ha desprestigiado al lopezobradorismo. En esa suma cero, ambos se complementan en desgastar formas de lucha y espacios ganados por la gran diversidad democrática de la ciudad. Su conducta irrespetuosa e inquisidora los descalifican, los han aislado y han beneficiado al priismo y al panismo en forma torcida. PRI y PAN se alimentan del desprestigio y utilizan el descontento creciente contra los bloqueos para confrontar al gobierno del DF con sus habitantes y lograr la confusión bicéfala, donde unos acusan al jefe de Gobierno de tibio, y otra de represor. ¿Cómo se ha llegado a calificar a un gobernante de tibio y represor al mismo tiempo?

Por tanto: la izquierda democrática de la ciudad, sus intelectuales y sus dirigentes sociales y políticos, deben defender el derecho de manifestación y a la capital solidaria, exigiendo a que la dirección nacional de la CNTE reconozca el proceso democrático de la ciudad y lo respeten.

La izquierda democrática de la ciudad debe demandar al gobierno federal y a la CNTE un diálogo público; un ya basta a sus mesas de diálogo que solo esconden complicidades y una farsa contra la ciudad, para enfrentarla entre sí.

La CNTE y el gobierno federal deben respetar la ciudad y negociar públicamente, en vivo, pues lo que digan y pacten es del interés de todos los mexicanos, no solo de ellos y los capitalinos.

Lo sucedido en Tepito es un llamado contra esta comedia que está a punto de convertirse en tragedia.

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@MarcoRascon