De monstruos y política

Política y policía migratoria criminal

El trabajo sucio de contención de migrantes ya no se hace en la frontera, sino a lo largo del cruce por México. Lo que antes era el peligro de cruzar el río Bravo o una franja de desierto, hoy es atravesar 2 mil kilómetros de territorio mexicano.

Caro, muy caro, le va a costar a México haberse sometido a la política migratoria de Estados Unidos.

De facto, nos asumimos como los guardafronteras del vecino del norte para detener brutalmente la migración del sur.

Basada en la impunidad, la política antimigratoria que hoy administra el Estado mexicano, apoyándose en el crimen organizado para frenar y contener mediante el terror el paso por México, será un estigma que llevaremos en la conciencia nacional, pues constituye una de las mayores violaciones a los derechos humanos que hayan cometido gobiernos contra personas (en este caso México y Estados Unidos) en busca de trabajo, sustento y futuro.

Todo migrante pobre que pretende cruzar por tierra México corre peligro de vida ante el acecho, la extorsión y el terror. Las devoluciones y deportaciones de migrantes en las fronteras de Tamaulipas para servir de alimento a las organizaciones criminales son crímenes de lesa humanidad que el país deberá enfrentar.

Hay que señalar que detrás de esta política se esconde, entre un amplio sector de mexicanos y estadunidenses, un rancio y emergente racismo respectivamente.

La espalda mexicana que hoy hemos dado a nuestro sur latinoamericano es parte de ese contexto, derivado de la aspiración que nos inyectaron de ser parte de América del Norte, aunque fuera en calidad de patio trasero.

El papel indigno como guardafronteras de la crisis social centroamericana o como vaso regulador del tráfico de drogas nos cambia estructuralmente y nos sitúa frente al mundo como uno de los países más desprestigiados del planeta.

En días recientes se ha dado la noticia de que “nuevamente el cártel del Golfo y Los Zetas se encuentran reclutando, colocando retenes en las carreteras tamaulipecas”, siguiendo la misma versión oficial de las causas de las matanzas de migrantes en San Fernando.

Lo que revela la noticia y confirma las matanzas de migrantes en Tamaulipas es que una oscura complicidad entre los que han diseñado métodos de contención del flujo migratorio se apoyan en estas formas paramilitares llevadas a cabo por las organizaciones criminales y de traficantes de drogas y personas, para contener mediante el terror, la extorsión, la impunidad, el asesinato y la desaparición el paso de migrantes por el corredor del golfo.

Métodos sofisticados como el otorgamiento de “salvoconductos” a migrantes para cruzar el territorio mexicano se extienden no solo por las autoridades mexicanas, sino también por las alianzas entre organizaciones criminales como los Maras con las mafias mexicanas que, pese a los anunciados programas oficiales que rezan “en el camino estamos contigo”, Los Zetas y cártel del Golfo siguen realizando en las carreteras, bajando migrantes de los autobuses y desapareciéndolos.

Lo más grave de todo esto es que siendo una acción sistemática, sea invisible. En el futuro se requerirá un jurado como el “Nuremberg” para deslindar las responsabilidades de los que diseñaron y montaron esta política de terror para contener la migración en el territorio mexicano, dejando libre de sospecha de actos ilegales a la policía migratoria estadunidense, pues el trabajo sucio de contención ya no se hace en la frontera, sino a todo lo largo de México. Lo que antes era el peligro de cruzar el río Bravo o una franja de desierto, hoy es cruzar 2 mil kilómetros de territorio mexicano, donde la masacre diaria de migrantes es invisible y sorda.

Los que logran llegar a Estados Unidos tampoco se salvan, pues para éstos las modificaciones alimentarias han generado enfermedades endémicas entre migrantes, como la diabetes y todas sus consecuencias.

El aporte del trabajo ilegal a la economía estadunidense es sustancial, pues llegan seres humanos hábiles que no les costaron ni un centavo a Estados Unidos crearlos y protegerlos, pero que por el diseño de la alimentación para pobres basado en comida chatarra, dirigida al páncreas y el hígado, esos seres humanos no llegarán a los 60 años, y para atenderse de cegueras y diabetes no tendrán servicio médico ninguno.

La agresión humana y el holocausto migrante, existente, moderno e integral: una alianza de política migratoria con organizaciones criminales y una política de alimentación racista y diseñada para explotar y planear el tiempo de vida útil de los trabajadores migratorios en las tierras del sueño americano.

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