De monstruos y política

Plan Maestro a consulta

El que no haya hecho megaproyectos... (pues que ponga la primera piedra).

La ciudad es un organismo vivo que no puede dejar de crecer.

Se puede discutir si se crece espacialmente o de manera compacta, pero no se puede detener el crecimiento y para preservar lo histórico y artístico se requieren acuerdos de hacia dónde y cómo crecer y hacia dónde no, con una visión de 20 años como mínimo.

En la transformación de la Ciudad de México, por la falta de conocimiento de un Plan Maestro, hay contradicción crónica y conflicto entre los que habitan y trabajan, entre los que viven y se trasladan. Todos queremos un coche, nadie una vialidad cerca.

En 60 años, todos los gobiernos de la ciudad han desarrollado megaproyectos viales como los viaductos, periféricos, circuitos, segundos pisos y, sin embargo, seguimos embotellados. ¿Por qué?

La ciudad esta mal organizada. El espacio público no se defiende por los ciudadanos como se debiera: "es de nadie", "es del gobierno", se dice... La falta de pluricentrismo nos lleva a los cuellos de botella, pues se impone el flujo diario de la periferia al centro por las mañanas y del centro a las periferias por la tarde, reclamando una estrategia radial para entrar y salir en una ciudad centralizada y que no ha logrado acercar al habitante a su empleo mediante zonas de desarrollo alternas. La integración a la economía global nos impuso como eje de sustentabilidad hegemónica el corredor Santa Fe-Tepito y por eso estamos estructuralmente embotellados.

Todas las fuerzas políticas en la ciudad del nuevo mapa político de gobiernos delegacionales, en la Asamblea Legislativa del DF y el Congreso federal, son cogobernantes en la capital y están obligadas a un acuerdo sobre el rumbo que debe tomar el desarrollo urbano en la Ciudad de México, pues PRD, Morena, PRI y PAN en su tiempo y circunstancia han hecho megaobras urbanas, y por tanto, no pueden ser opositores de lo que antes hicieron.

El primer gran acuerdo es que debe predominar la rectoría del Estado y el interés público en el desarrollo urbano sobre los intereses inmobiliarios, que deberían sujetarse a un Plan Maestro que se desconoce (si es que existe), pues hay que demostrar técnicamente en cada caso, que las obras públicas no son caprichos ni conjuras contra los vecinos, sino la adecuación de la ciudad a sus necesidades presentes y futuras.

Es el gran Plan Maestro a 20 años, por lo menos, el que debería llevarse a consulta, plebiscito o referendo, para ser votado por toda la ciudad.


www.marcorascon.org
@MarcoRascon