De monstruos y política

PRD y Morena, ante el voto duro

En este laberinto de los deseos, mi voto fue para el PRD por historia, por convicción de no dividir, pese a haber renunciado al partido que hace 26 años fundamos con otros propósitos. Voté por el PRD y no por Morena, pues su propuesta no significó una crítica de fondo a las malas prácticas del PRD, sino una disputa por los mismos espacios anteriormente ganados. Gracias al divisionismo y la incongruencia, hoy habrá bipartidismo para rato.

La crítica de Morena al PRD es una serpiente mordiéndose la cola, pues el lopezobradorismo (hoy Morena) ha sido el autor de muchas de las prácticas autoritarias y del clientelismo. En el fondo del reparto, la crisis electoral del PRD es también de Morena, coautora de una visión estrecha, centralista, intolerante, estatista y sectaria que supo repartir las culpas a su matriz. La crisis no solo es del PRD, es familiar.

La confesión del voto tiene como función servir al debate y la perspectiva, ante la encrucijada que ha tenido que enfrentar el voto duro de la izquierda mezclado al clientelismo, que ha sido disfrazado de política social.

Si ante la disputa por lo construido el voto duro de izquierda ha entrado en crisis, también el clientelismo fundado desde la raíz priista del lopezobradorismo, pese a beneficiar a Morena, que por cierto, no lo cuestionó, sino que reclamó su autoría. Frente al clientelismo, tanto PRD como Morena se reclamaron, pero no lo cuestionaron.

El PRD, en su apuesta por el voto duro y el Zócalo lleno, no generó expectativas de renovación y, por tanto, no supo lidiar con el conflicto familiar, planteando una nueva perspectiva ante la crisis propia. Por su parte, Morena supo capitalizar la crítica al PRD, pese a la pobreza de sus críticas y su corresponsabilidad autora.

La pérdida de perspectiva sobre el enemigo principal no la vieron el PRD ni Morena, por hacer valer sus intereses y afrentas familiares.

La nueva realidad política plantea que tanto el PRD como Morena hoy gobernando delegaciones y cogobernando desde la ALDF y la ciudad interconectada, requieren gestión, recursos, prestación de servicios, administración y políticas públicas; ambos están emplazados a resolver, renovando las prácticas de gobierno, la institucionalidad, la legalidad y la inclusión mediante formas de democracia participativa.

La derrota y la convocatoria para cambiar es para ambos, que aún se parecen demasiado. El voto a favor y en contra les exige disposición para enfrentar la nueva realidad política que han creado.

La realidad siempre sabia, clarifica, y nos ha puesto a todos en nuestro sitio para comenzar de nuevo.

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