De monstruos y política

Nueva Constitución

La Constitución mexicana no soporta un parche más. ¿De dónde y cómo surgiría una nueva?

Nuestra Constitución ha perdido esencia, vigencia y trascendencia al apartarse de su misión histórica para fijar los derechos y deberes de los mexicanos.

De la actual Constitución y las instituciones que ha creado, el Estado se convirtió en un fin y se olvido de sus responsabilidades.

La Constitución y el Estado han fallado como garantes de la democracia. La noción de igualdad se hizo anacrónica al no reconocer la diversidad cultural y regional. El régimen actual, que supuestamente reconoce la existencia de fuerzas de izquierda, centro y derecha, se transformó en un sistema electoral que ha perdido legitimidad frente a la sociedad y, a su vez, ha sido incapaz de transformar las instituciones mediante partidos confusos.

La falta de una Constitución a la altura de las necesidades del país ha provocado la paralización y descomposición de casi todas las instituciones nacionales como el municipio, las fuerzas de seguridad, las instituciones del bienestar como la salud, educación y cultura. Se abandonó el valor del trabajo como base de la riqueza social y la fuerza estatal.

La falta de una Constitución aplicable transformó el federalismo en una República dominada por pequeños grupos oligárquicos, aliados con intereses trasnacionales que imponen al país una visión de saqueo; que eluden la hacienda pública y los deberes para que el Estado cumpla con su misión de justicia y equidad.

Durante la Colonia se legitimó la sociedad de castas entre peninsulares, criollos, indios, mestizos, negros y sus fusiones. Contra el Estado colonial, la Independencia dio la Constitución de 1824; la lucha entre conservadores y liberales, arrojó la de 1857 y la Revolución Mexicana la de 1917 y la tercera República.

El viejo presidencialismo ya no funciona. La división de poderes ha terminado paralizando al país y sus expectativas. La polarización impera y da para una guerra política, racial y de castas. La violencia nos hace retroceder en todo. Los municipios empobrecidos y arruinados, base de la gobernanza, están en disputa entre el crimen y un Estado desprestigiado.

Se requiere, por tanto, una nueva Constitución que esté a la altura de los ciudadanos y lo fundamental es ¿cuál debe ser la estrategia para contruir un nuevo acuerdo nacional?

Este 5 de febrero habrá reflexiones para llegar a este fondo.

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