De monstruos y política

El Metro y los salarios

Si hubiese claridad contra el verdadero neoliberalismo económico, no se estaría llamando a brincar los torniquetes ante el alza del Metro, sino preparando la convocatoria para demandar, con argumentos, un incremento general a los salarios en la ciudad.

De todos los aumentos a la canasta básica, el aumento al transporte impacta directamente sobre los salarios, pues es uno de los gastos diarios, directos, que son ineludibles. Si aumenta el huevo o la carne, el consumidor afectado opta por consumir menos, pero en el caso del transporte, no hay posibilidades de evadir o reducir el pago del servicio. De su ingreso, una familia promedio pagará diariamente por Metro 12 pesos más.

Sin embargo, una tarifa del transporte fuera de la realidad de sus costos se convierte en un subsidio fijo, inmenso, no a los trabajadores, sino a los patrones, las empresas y sus ganancias. El estancamiento de la tarifa es un estancamiento de los salarios, pese a que otras muchas mercancías y servicios sí aumentan y se revierte contra los trabajadores mismos y sus condiciones de vida y trabajo. Por tanto:

El aumento al Metro debería estimular la demanda de aumento salarial, lo cual es una lucha verdadera y no la actitud infantil de llamar a saltarse los torniquetes del Metro, en lo que ahora constituye la moda del activismo que no explica, no educa y no resuelve nada, convirtiendo la protesta, más que en una lucha, en el deporte del resentimiento.

En épocas de inflación galopante como las que vivió el país en los años 70 y 80, todo aumento al salario se veía inmediatamente borrado por el aumento a los precios, que no solo anulaban los incrementos salariales, sino que deterioraban cada vez más el valor real de los salarios y su capacidad de compra. Es así como el valor del salario cayó de 1970 (1976 el nivel más alto) a 2012 en un 69.9 por ciento, convirtiendo al salario mínimo anticonstitucional, en el factor central que ha fomentado la economía informal, pues se ha comprobado que la informalidad económica crece proporcional al disminuir el valor real de los salarios, y por ello, un limpiaparabrisas o vendedor ambulante puede ganar más que un empleado contratado legalmente. Ahora podría ser al revés: el aumento al transporte, debe trasladar parte del costo a las empresas y la productividad, ganando con ello un aumento al valor del trabajo.

Visto desde esa perspectiva, el alza al Metro significa para los trabajadores varias cosas: invertir en su propia condición de vida y trabajo, mejorando al mismo tiempo la red de transporte público para acortar en la ciudad los tiempos de traslado. Una o dos horas menos, significa calidad de vida.

Una verdadera visión de izquierda parte del valor del trabajo como articulador social constituyéndose en defensa y demanda de la calidad del transporte público frente a los intereses privados.

Hoy la ciudad tiene la oportunidad de ser vanguardia en el aumento salarial y aprovechar la obsesión macroeconómica para controlar la inflación, dando como resultado un círculo virtuoso, donde no solo se lograría un aumento nominal, sino real en los ingresos de los trabajadores, indexando el aumento la nueva tarifa del Metro a sus demandas de aumento salarial.

No aumentar la tarifa al Metro sería condenarlo a su deterioro y a empeorar las condiciones de vida y de trabajo de los usuarios; sería también continuar con el subsidio indirecto a las empresas y el estancamiento salarial. Enero debería ser el inicio de una demanda general de aumentos de salario en la ciudad, más allá del aumento general de los salarios mínimos.

Hoy, bajo la disciplina de la política macroeconómica, el gobierno del Distrito Federal debe invertir en mejorar la movilidad de los ciudadanos y la accesibilidad para personas con discapacidad, transformar los Centros de Transferencia Modal (Cetram), más transporte exprés, más Metrobús, más Metro, más bicicletas en colonias y delegaciones populares y periféricas y la integración de rutas y tarifas. La red pública de transporte público debe ser metropolitana y abrir carriles de Metrobús en los segundos pisos.

Por ello, el aumento deberá profundizar la demanda de menos chatarra, mejor servicio y disminución del tiempo de transporte que prolonga sin pago la jornada laboral y que afecta la salud de los trabajadores. La alternativa no está en brincar torniquetes del Metro, nuestro Metro, el de todos, sino en ver más allá y convertir el aumento a la tarifa en una oportunidad para dar mayor valor al trabajo y pensar en una estrategia no de despensas y filantropía, sino de derechos, generación social de prosperidad y justa distribución de la riqueza.

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