De monstruos y política

Memorias de un México que no existía

Ante el desacuerdo nacional y la división, una forma de frenar al país es la sangre. La violencia congela las protestas y demandas, iguala lo posible con lo irracional e improcedente.

En un mes se nos vino la realidad encima y todo lo que se pretendía ocultar, lo que no éramos, se hizo presente. Fuimos la rana que metieron al agua, le prendieron fuego, para que nos cocináramos poco a poco, creyendo que la tibieza no era peligrosa, hasta que vino el hervor.

¿Cómo blindar la política contra el crimen? Si para aparecer en las encuestas y ganar una elección se requiere pagar spots, menciones y gacetillas que equivalen en dinero a más de 13 mil millones de pesos del presupuesto electoral (70 por ciento del presupuesto electoral ejercido por el INE y partidos), transferidos como utilidades a los monopolios de la radio y la televisión.

¿Cómo impedir la descomposición de candidatos si el crimen puede comprar municipios por metro cuadrado, incluidos servidores, policías y ladrones? ¿Cuánto vale un candidato a presidente municipal tras el abandono de la Federación y los gobiernos locales del municipio?

A un mes del inicio de la crisis, ¿quiénes han perdido con la masacre de Iguala y los 43 desaparecidos? Ha perdido el PRD; ha perdido la credibilidad el sistema electoral actual en su conjunto; ha perdido el gobierno federal y su agenda de reformas económicas; ha perdido el sistema de seguridad; ha perdido el Ejército mexicano como garante de la seguridad nacional; ha perdido la estructura de derechos humanos; han perdido los satélites y GPS; han fracasado las interpretaciones sobre la causa local de la violencia; han fracasado las justificaciones y los deslindes a mano alzada en la plaza.

¿Quiénes han ganado? Los poderes fácticos que se alimentan de la polarización, la imposición, la corrupción estructural, de las privatizaciones, las trasnacionales, la manipulación de la opinión pública y las leyes monopólicas; los fabricantes de guerras sucias; los que promueven la “limpieza social” y justifican las ejecuciones sumarias en nombre del orden.

Hoy estamos unidos todos por el fracaso, culpándonos unos a los otros. El gobierno federal que se veía poderoso con su agenda y su nueva Gendarmería, se percibe desorientado y abatido. El escenario pinta para la posibilidad de nunca encontrarlos, demostrando que los estrategas de la masacre tienen más poder para esconder, que el Estado para encontrar. ¿Si el mensaje era la venganza y el terror, por qué tanto empeño y eficiencia en desaparecerlos? ¿Es la crisis actual el objetivo de los estrategas de las 43 desapariciones?

Ante el desacuerdo nacional y la división, una forma de frenar al país es la sangre. La violencia congela las protestas y demandas, iguala lo posible con lo irracional e improcedente. Correspondiendo a los estrategas de las desapariciones, existe la alianza diáfana para generar una espiral tipo Omertá mafiosa, más que dar una respuesta popular revolucionaria; establecer como alternativa, la venganza irracional para inhibir la indignación y zozobra general que estalló demandando un país con legalidad y vida democrática. Alguien busca subirle de calor al horno para que la indignación se queme.

En Guerrero, la caída del gobernador intensificó y recrudeció la respuesta violenta en nombre de los normalistas de Ayotzinapa y los familiares de los 43 desaparecidos, con un sesgo dirigido ya no contra el gobierno o el PRD solamente, sino contra comercios y la ciudadanía. La pregunta es ¿cuál es la estrategia de los vengadores? ¿Dar la razón y argumentos a la extrema derecha que explica las desapariciones como un ajuste de violentos contra violentos? ¿Cuál es el objetivo de esa estrategia? ¿Es convertir en victimarios a las víctimas? Eso sí confunde y resta porque no tiene lógica.

Hoy los irresponsables de siempre, los que hacen política insurreccional con la lengua, particularmente el lopezobradorismo, pretende utilizar la crisis para incrementar su guerra contra el PRD como objetivo central y por motivos estrictamente electorales, como si estuvieran exentos de responsabilidad en Iguala. La otra: acusando a movimientos pacíficos de ciudadanos como el Movimiento por la Paz dirigido por Javier Sicilia, por supuestamente tener una “vocación conservadora en la sociedad civil” (discurso del Zócalo 26/10/2014), siendo que Andrés Manuel López Obrador jamás ha tenido un gesto de solidaridad con ningún preso político, ni con ninguna víctima de la violencia, ni en los 70, ni del PRD que presidió, ni de la guerra de Felipe Calderón: AMLO nunca ha visitado una cárcel en defensa de nadie, ni se ha mostrado en apoyo a ninguna causa que no sea la de él.

Hoy existen 43 zonas y pueblos de Guerrero que tienen un desaparecido. Alguien siembra con precisión la violencia.

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