De monstruos y política

Mariguana, del 'narco' a la herbolaria

Si la mariguana, la goma de opio y la cocaína adquieren 85 por ciento de su valor al cruzar la frontera de Estados Unidos, la legalización mexicana al tumbar el precio cambiará el corrido de Emilio y Camelia La Texana: pasarán del narco a la herbolaria.

De seguirse la resolución de la Suprema Corte hasta convertirse en jurisprudencia, el precio de un manojo de mariguana verde podrá valer lo mismo que su equivalente en epazote.

Su valor entonces estará determinado por sus usos herbolarios, medicinales o industriales, ya sea como cañamo, materia prima de biodiésel y gomas para la industria cosmética o farmaceútica.

Los consumidores, al cultivar sus propias matas, solo elevarán la venta de papel arroz, macetas, pipas y fertilizantes, que tendrán un valor superior al de la yerba. Costarán más los accesorios que la mariguana misma y así como dicen que había flores de amapola antes de la Primera Guerra Mundial, habrá también mariguana con valor estético, en camellones y jardines.

En todos los proyectos de herbolaria medicinal ya sea en Chapingo, la UNAM, el ITESM o el IPN se iniciara la carrera por la investigación para la aplicación de las propiedades de la mariguana.

Los mariguanos dificilmente superaran a los consumidores de vinos, licores y cervezas. Habrá, sin duda, cambios en los comportamientos culturales; seguramente habrá letreros en los lugares públicos, indicando que, "se prohibe fumar tabaco y mariguana", pues hoy el tabaco sí está penalizado, pero el humo de la mariguana no.

La tercera edad tendrá sus frascos de mariguana con alcohol para frotarse las reumas y pasada la novedad de exentar de castigo a los consumidores, su uso empezará a separarse de la delincuencia.

Los capos, como Al Capone, empezarán a caer no por el tráfico de mariguana, sino por evadir al fisco. Las cárceles se empezarán a vaciar de aquellos a los que el consumo ilegal los convirtió en delincuentes, como ya lo dijo el ex presidente de Colombia César Gaviria.

Serán damnificados a futuro los compradores y vendedores de armas. Los señores de la guerra que se han enriquecido con la espiral de la inseguridad, convirtiendo la persecución en defensores del negocio y en beneficiarios de desvíos presupuestales, que deberían estar destinados a la educación y la cultura.

Del dinero, de Emilio y Camelia, sí se supo algo: vendían cilantro y perejil en la Central de Abasto y que Emilio, en realidad era Jacinto Cenobio... que vino a la capital; fue el que encendió un recuerdo...y se lo fue fumando...


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@MarcoRascon