De monstruos y política

Izquierda cogobernante y encapsulada

No es perceptible, pero la nueva realidad política construida está obligando a que todos los actores cambien su naturaleza.

Los del NO sistemático ahora cogobernarán y son mayoría legislativa en la ciudad.

La disyuntiva es cómo transformar el discurso y pasar de la protesta a la propuesta, haciendo políticas públicas, interactuando y proponiendo, haciendo alianzas y sirviendo a la ciudadanía, independientemente de filias y fobias.

La fuerza del NO está ante el reto de responder al voto de descontento y la crítica, confrontar y/o desarrollar una práctica parlamentaria para el diálogo entre poderes. ¿Cuál es el mandato a los beneficiados del voto de castigo?

El resultado electoral ha cambiado no solo la composición política de los gobiernos delegacionales, sino también su naturaleza y su relación con el gobierno central, pues a la vez que son opuestos administrativa e institucionalmente, ambos se necesitan. Las variantes que están en puerta son un caleidoscopio al borde de la ruptura constante y la necesidad de todos los cogobernantes a diferenciarse. La ruptura nutre, pero la realidad une.

En este mosaico, la Asamblea Legislativa será una si solo se le toma como fuente de recursos y gestión; u otra, si asume su papel legislativo a favor de decisiones que fortalezcan la democracia y los derechos de todos los ciudadanos. Será tarea de los diputados locales y sus facciones debatir y acordar para ajustar las instituciones a la nueva realidad política de la ciudad.

La situación obliga a todos los partidos y organizaciones a cambiar su forma de hacer política. El esquema partidario 1997-2015 está agotado, e incluso, el Constituyente y la reforma política en ciernes están en el aire.

Un patrimonio político general es la relativa estabilidad política, pero resistirse a cambiar es suicidio, pues más allá del nuevo mosaico
de opciones se encuentra la tensión y presión de la realidad nacional, el carácter de ciudad capital ante un federalismo deformado y un presidencialismo decadente al que se aspira y ya no necesitamos.

Entre un México que se derrumba y otro que no acaba de nacer, la izquierda no está proponiendo, sino se ha encapsulado.

Los que podrán sobrevivir son los que estén dispuestos a cambiar y corregir errores. Pero cambiar de piel no basta, pues la realidad está reclamando nuevos conceptos y prácticas políticas.

Frente a la lucha histórica por los derechos y la democracia, la izquierda disputa una herencia que solo puede existir si se reinvierte más allá de cada heredero.

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