De monstruos y política

Grecia: ¿por qué ganan en otras partes?


Pareciera que nuestra identidad, sello y destino es la derrota.

Las fuerzas políticas alternativas contra la descomposición del orden neoliberal en el mundo, en Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia… y Grecia, pese a condiciones mundiales adversas, han logrado ganar el poder político y construir opciones diferentes a los dictados de los grandes poderes que se apoderaron de las economías de los países de Europa, Asia, África y América Latina.

En México esto no ha sido posible. ¿Por qué?

Hay que reconocer que en México nuestros oligarcas han desarrollado un complejo sistema de jugar en todos los bandos: en el poder y oposiciones que le sirven.

Las técnicas de la provocación, la simulación y las posiciones políticas estériles inundan la realidad política mexicana para que no existan fuerzas con credibilidad y menos con autoridad para convocar a la unidad contra el sistema de injusticias y privilegios.

Las políticas tóxicas para dividir, fragmentar, crear espejismos y acciones, cuyo resultado es restar, están presentes en cada coyuntura donde existen condiciones para cambiar.

A las fuerzas democráticas mucho costó crear condiciones electorales para generar reformas y estar en los espacios de decisión. Hoy se plantea dejar este campo de batalla por una quimera, retrocediendo al divisionismo de los años 70 donde cada pequeña fuerza decía tener la verdad, descalificando la de otros. El sectarismo que antes fue proceso difícil hacia la unidad, hoy es servicio para que el mal gobierno permanezca.

En estos tiempos, la convicción democrática se ha debilitado; el espíritu unitario no existe y las derrotas están a la vista pese al descontento y la indignación prevalecientes.

La mirada mundial que hoy está en Grecia debería hacernos reflexionar sobre los demonios del sectarismo, la confusión que pone como opuestos a la ética y la necesidad de ser mínimamente peligrosos para el poder oligárquico mediante la unidad.

Grecia es una espina en el corazón de Europa que arrastró a Irlanda y España a la crisis profunda de la Unión Europea. Hoy es una perspectiva, una propuesta nacional, una determinación popular con proyecto. El reto griego es un ejemplo.

En México tenemos problemas para encontrar el sentido común. Existe un culto perverso por la exclusión que anula y hace posible que la mala política y los vicios sigan gobernando.

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