De monstruos y política

Febrero, mes de la cultura política mexicana

De la Decena Trágica se desprende un momento de lo más oscuro de la política mexicana, la cual influye en nuestra cultura política. Esto ha dejado la cicatriz del escepticismo popular que pesa a la hora de consolidar cambios mediante pactos.

No es por el día del amor y la amistad. Es por la Decena Trágica de 1913.

A 101 años de aquellos días en que la Revolución de 1910 se metiera en la capital con toda su violencia, podríamos afirmar que es el nacimiento de nuestra cultura política moderna donde se forjó la idea popular de que la política es traición, suciedad, doblez, engaño y pactos…

En aquellos días se consumaron dos pactos: el de la Ciudadela y el de la Embajada. En esos 10 días el presidente Francisco I. Madero vio y sintió desfilar la sublevación de Bernardo Reyes y Félix Díaz; a Victoriano Huerta, nombrado por él “defensor de la plaza” desde el cuartel de la ingenuidad; la desestimación de los informes de su hermano Gustavo sobre el pacto de Huerta con los sublevados, que explicaban la mala puntería de la artillería de los defensores de Palacio contra la Ciudadela y la precisión de los cañonazos de la Ciudadela sobre Palacio. Había nacido el uso de la simulación y la deslealtad como virtudes sagaces de la política.

A 18 meses de su apoteósica entrada a la Ciudad de México en junio de 1911, tras la firma de los Tratados de Ciudad Juárez, Madero sucumbió ante la traición del viejo régimen contra la transición pactada, que significó la continuidad del porfiriato sin don Porfirio. Madero deseó ahorrarle una revolución al país, pero la debilidad del acuerdo dejó al viejo régimen intacto que, al estabilizarse y esperando las contradicciones del antirreeleccionismo básico, atacó en febrero de 1913.

En esos 18 meses, en que hubo elecciones y triunfo del antirreeleccionismo, con una velocidad inusitada, Madero fue quedando solo en Palacio Nacional. En el norte y en el sur, Pascual Orozco y Emiliano Zapata rompieron con el nuevo gobierno. Francisco Villa, el militar más importante de la Revolución, que logró la toma de Ciudad Juárez y obligó a los “tratados”, fue encarcelado en Tlatelolco por intrigas de Victoriano Huerta y solo se salvó al fugarse de la prisión meses antes de febrero de 1913. Villa, el “más ignorante”, sería el más leal a Madero.

En una cadena de errores estratégicos por parte del presidente Madero, éste ve lealtad donde en realidad era el nido de la traición. Estados Unidos funda la era moderna del intervencionismo a través de su embajador Henry Lane Wilson, teniendo como garantía el cadáver torturado y mutilado de Gustavo Madero.

A esto que se llamó el Pacto de la embajada, vino el asesinato del presidente y el vicepresidente José María Pino Suárez, que en otro error estratégico permanecían juntos en Palacio Nacional, lo cual facilitó a los conspiradores asesinar en un solo acto al Presidente y a su sucesor constitucional.

Nace con la presidencia de 45 minutos la práctica leguleya de querer dar legitimidad a lo que no es y hacer legítima la usurpación sobre la base de interpretaciones de la ley. En el pueblo mexicano esto se convirtió en otro simbolismo de la política, ligado a la violación de la Constitución y el uso de la jurisprudencia en respaldo del crimen político.

La prensa oficiosa de la época, la jerarquía de la Iglesia católica, la vieja oligarquía terrateniente y los intereses extranjeros en México, festejaron casi unánimemente el golpe de Huerta, que se animó a echar discursos desde el balcón de Palacio a un grupo que desde el Zócalo lo vitoreaba.

Pero ahí no pararon las traiciones. Desde el momento de la detención de Madero y Pino Suárez, Sara Pérez esposa del presidente Madero, buscó la manera de impedir el crimen y con el apoyo de José Vasconcelos pidió al embajador Lane Wilson que intercediera en favor de los detenidos, a lo cual este contesto: Don´t Worry, serán conducidos a Veracruz y de ahí a Francia. Al día siguiente, apareció a ocho columnas en los diarios de la capital la declaración del general José Refugio Velasco afirmando que si los detenidos llegaban a Veracruz, él les haría los honores como Presidente. Esta declaración sirvió para justificar el cambio de decisión y no trasladarlos a Veracruz. Tras el crimen, el general Velasco sería ascendido a secretario de Guerra de Victoriano Huerta y su siguiente misión fue ir a combatir a Francisco Villa en Torreón, donde en 1914 fue derrotado por el divisionario.

Todo esto ha dejado la secuela y cicatriz del escepticismo popular, que pesan a la hora de consolidar y forzar cambios mediante la necesidad de acuerdos, tratados y pactos que, por lo general, los representantes del viejo orden han traicionado o manipulan.

De la Decena Trágica se desprende un momento de lo más oscuro de la política mexicana y la cual, aún hoy, es de gran influencia en nuestra cultura política.

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