De monstruos y política

Cultura para la seguridad

Históricamente, para el sentido común ciudadano, la opinión pública y en el mismo gobierno se ha visto la seguridad y la cultura como instituciones de misiones opuestas.

Para lo culterano, la seguridad es la fuerza y para la política-política, la cultura es lo innecesario, el entrenimiento. Para unos, la seguridad es sinónimo de represión y para otros lo cultural es frivolidad, circo, espectáculo; la distancia entre el miedo y lo superfluo; la razón de Estado contra lo crítico; el orden y la anarquía; el gobierno fuerte en sustitución de la comunidad débil; la gobernabilidad contra la gobernanza; entre el que pide la mordida y el que la da.

Enfrentamiento de la visión de seguridad contra educación y cultura, históricamente ha construido la visión conservadora de que el orden solo debe nacer de la fuerza, acusando de subversión a los que a través del ejercicio de las libertades públicas demandan bienestar, educación y cultura.

En alguna idea de gobierno, los objetivos del orden y la vigilancia contra la protesta se han querido convertir en un conflicto crónico, que a su vez han usado en su provecho las derechas, la provocación siniestra, la corrupción, la delincuencia y los grupos criminales para decir que lo que es democrático, incluyente y diverso, en realidad es desorden y hay que reprimir.

Nada le interesa más a los grupos criminales y a los promotores del mal gobierno que el desprestigio de las fuerzas de seguridad, y para ello son perfectos los provocadores y los que necesitan romper la comunidad para ganar territorio a favor de sus intereses. Nada interesa más al autoritarismo y la criminalización del cambio social que la segregación de la seguridad y la cultura.

Una percepción ciudadana real es que las policías tienen como principal objetivo cuidar al gobierno, no a los ciudadanos. Por ello debe cambiar el concepto de "orden público" basado en la protección ciudadana mediante la seguridad y la cultura.

De los conflictos entre gobierno y sectores sociales que nos dieron cambios estructurales como en 1968, movimientos sindicales, populares, derechos humanos, el sismo, protestas electorales, contra la inseguridad, etcétera, surge la necesidad de integrar y cambiar la relación entre seguridad y cultura.

Frente al falso binomio de que seguridad y orden son autoritarias y que libertad con cultura son subversivas, la tarea es un cambio en la mentalidad de toda la sociedad y los servidores públicos, construyendo comunidad e integrando instituciones desde abajo para el bienestar democrático.


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@MarcoRascon