De monstruos y política

Colosio y otras muertes

La historia de los crímenes de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu apunta hacia una disputa del grupo neoliberal que sigue decidiendo el rumbo y destino de México.

Sexenios atrás, ya desde la transmisión de poderes entre Luis Echeverría y José López Portillo, y de éste a Miguel de la Madrid, se habían muerto las sucesiones presidenciales con estabilidad económica. Cada una fue acompañada de devaluaciones y crisis, incluso la de Carlos Salinas a Ernesto Zedillo.

En 1988 se profundizó la institucionalización del fraude a partir de 1952 contra el general Miguel Henríquez Guzmán, pero el fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas fue elevado a crisis constitucional, llevando el uso de la fuerza del Estado para imponer un presidente sin legitimidad.

No obstante, la sombra del crimen en la sucesión presidencial de 1994 no tenía lugar en el escenario político desde el asesinato de Álvaro Obregón en 1928 y con ello se cierran en las sucesiones presidenciales las crisis institucionales, económicas y políticas e involucran no solo al Poder Ejecutivo, sino también al Legislativo.

La muerte de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu son un golpe de facto, justificados por las versiones oficiales de los “asesinos solitarios” o las venganzas personales y familiares en un ambiente de decadencia de los máximos gobernantes mexicanos.

Pese a la cercanía de tiempo entre el asesinato de uno y de otro y de los tiempos políticos entre ambos sucesos, jamás hubo en la investigación la más mínima intuición para vincular uno con el otro, en lo que es aún hoy esencia en el sistema presidencialista y que requiere la reciprocidad entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo.

En términos de una disputa del poder y como parte de un crimen de Estado, para que la muerte del primero fuera útil, se debía matar al segundo, pues de lo contrario se rompería la regla no escrita de que el Presidente por esencia debía tener control pleno del Legislativo; de mantenerse vivo Ruiz Massieu, seguiría siendo un representante del asesinado y para el funcionamiento del sistema eso era imposible.

Para el gran público, fue más fácil aceptar la versión Borgia de ambos crímenes, que una crisis sistémica del régimen.

Como en la realidad el “hubiera” no existe, cabe la causalidad y la casualidad. Colosio muere al situarse en una posición favorable para el crimen, pues para los salinistas Colosio iba a romper con ellos y para los antisalinistas del poder era un continuador del salinismo. Colocado en ese vértice, la pistola del poder se dispara sola.

Por otra parte: si el asesinato de Colosio se tarda 22 días más, la lista de candidatos a diputados y senadores hubiera sido colosista, ante la imposibilidad de cambiarla, pues el registro de candidatos se cerraba el 15 de abril. La lista fue cambiada en esos 22 días y ahí nacieron los que socarronamente fueron llamados “las viudas de Colosio”, que en su mayoría fueron sustituidos por los zedillistas.

Sin embargo, el que sería coordinador legislativo, José Francisco Ruiz Massieu, seguía siendo un designado del candidato asesinado, no del sustituto. Para un golpe de timón en la política, había que decapitar al Poder Legislativo que no tenía cuerpo.

Para la 56 legislatura (1994-1997), los puntos centrales tenían que ver con el proceso de integración económica y la demanda imperial a que no solo se privatizara, sino que también se abriera la economía mexicana a las grandes trasnacionales en las ramas protegidas como las telecomunicaciones, el cemento, el maíz y los bancos.

Sobrevino la aprobación del “rescate” millonario de Bill Clinton ante la crisis devaluatoria de los “errores de diciembre”, cuyos fondos sirvieron para financiar el Fobaproa.

Para financiar el gasto corriente se recurrió al aumento del IVA de 10 a 16 por ciento, profundizando la brecha entre ricos y pobres.

En 1996 se anunció la privatización de Ferrocarriles de México, Compañía de Luz y Fuerza, y Pemex.

Fuera de lo policiaco, la búsqueda de la verdad histórica de 1994 conduce a 1928, donde la razón de Estado busca ocultar la naturaleza de la disputa por el poder. Sirve para ello la politiquería, un sistema de justicia subordinado al Ejecutivo, investigaciones llenas de falsedades y delirios que buscan confundir en lugar de informar.

La historia de los crímenes de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu apunta hacia una disputa del grupo neoliberal que sigue decidiendo el rumbo y destino de México.

La disyuntiva que ambos nos presentan es: o un país dominado por monopolios privados ineficientes, imponiendo altas tarifas y que se dice nacionalista a conveniencia, u otro dominado por trasnacionales, que ofrecen tarifas bajas, pero el control absoluto de nuestros recursos desde el exterior.

Ambos, hoy, parecen haberse fusionado de nuevo.

www.marcorascon.org

http://twitter.com/MarcoRascon