De monstruos y política

Ciudadanos: ¡a votar!

Si bien el abstencionismo electoral en México ha cruzado distintas etapas de nuestro proceso por la democratización del país, ya sea como voto nulo o ausencia, parte importante de los avances ha sido ir a votar por las opciones, tanto registradas como las no registradas.

El millón de votos por Valentín Campa en 1976, como prueba del agotamiento del sistema electoral de partido único, abrió el campo para la reforma política de 1977 y el registro de nuevos partidos de oposición real, como el Partido Comunista Mexicano (PCM) y el Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).

1988 fue sin duda el punto de inflexión del cual se generaron grandes cambios. Fue la base del surgimiento del Instituto Federal Electoral (IFE) como organismo autónomo, constantemente cuestionado, pues una de las grandes debilidades surgidas del fraude electoral crónico, ha sido mantener cuestionado al árbitro como condición de impugnación permanenete a los resultados.

Los ejemplos más claros han sido 2006 y 2012, donde la disputa por la Presidencia no construyó las reformas políticas y de Estado necesarias que eran posibles ante el arrinconamiento del PRI en 23 por ciento y donde el partido de la derecha y la coalición de izquierda, teniendo cada cual 35 por ciento, poseían el 70 por ciento suficiente, para enterrar las viejas reglas.

La lucha entre ellos por la Presidencia acusándose de impostores y autoproclamándose "legítimos" condujo a la polarización, el alejamiento de los ciudadanos de las urnas, al reposicionamiento del PRI como partido "de centro" o de la "unidad nacional" y, por tanto, del regreso triunfante del viejo régimen en 2012, donde la alternancia se convirtió en estancamiento que impidió construir nuevas fuerzas, nueva ciudadanía y nuevas reglas.

Será lamentable que tras las experiencias de 2006 y 2012, hoy en Veracruz, Oaxaca, Chihua-hua, Hidalgo y Zacatecas el PRI se mantenga gobernando estos estados tras el deterioro y descomposición que se vive en ellos. Será la dispersión y la mezquina medición de fuerzas la causante de este nefasto pronóstico.

En Ciudad de México, la elección de los diputados constituyentes pareciera estar marcada por la abstención de un proceso que los mismos actores no han sabido comunicar su importancia histórica.

El gran ausente en la elección será el Constituyente 101, es decir, los ciudadanos dispersos, mal informados, críticos e incrédulos.

No obstante, votando libremente y realizando el ejercicio ante la imperfección es más seguro para avanzar que el abstencionismo.

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@MarcoRascon