De monstruos y política

La Ciudad de México debe crecer

Contra lo que podría pensarse, la Ciudad de México —una de las más grandes del mundo–, debe seguir creciendo.

El punto entonces es cómo crecer, pues hasta ahora el crecimiento horizontal sin coherencia ni sustentabilidad conduce a una crisis urbana crónica.

Crecer es sinónimo de invertir, de desarrollo con planificación, de integración de la visión de barrio, de vocaciones de las zonas, de movilidad y transporte, de la calidad de servicios, de infraestructura y equipamiento, de creatividad y tecnología aplicada al espacio público, de accesibilidad para las personas con discapacidad.

¿Cómo crecer? Hoy pareciera que existe el consenso entre los urbanistas, la academia, los inversionistas, la sociedad y el gobierno, de que el crecimiento espacial de la ciudad no solo es un error, sino un suicidio. Esto da como respuesta que el reciclamiento de la ciudad debe ser mediante la redensificación, la compactación y el crecimiento vertical, con densidades que pueden cambiar de acuerdo con las vocaciones y el patrimonio artístico, cultural e histórico que amerita conservación, rehabilitación y restauración.

Hoy existe una tendencia clara hacia la ciudad pluricéntrica, que, a su vez, se articula como una ciudad de ciudades donde la vocación de los territorios requiere inversión y crecimiento y a partir de ahí, el mejoramiento de la infraestructura urbana, el transporte público, la conectividad y una nueva cultura general del uso del espacio público.

La compactación y el uso mixto es sin duda la posibilidad de una visión para la transportación, mediante el acercamiento entre las zonas de vida y el empleo. Los usos mixtos de servicios culturales, educativos, comerciales, de servicios profesionales y con vivienda nueva, no necesariamente en propiedad, sino en alquiler, otorga vitalidad al espacio y dinamismo a los barrios.

Un ejemplo, claro de esta tendencia fue sin duda la construcción de Ciudad Universitaria en la década de los 40 y lo que detonó en el sur de la ciudad.

En otro momento, la reconstrucción de la ciudad tras el sismo de 1985 se orientó básicamente a la vivienda popular, pero más allá de la fuerza comunitaria de los barrios en las zonas centrales, no hubo una conceptualización del mejoramiento integral de los barrios, pues tampoco se generó una visión que atrajera la inversión privada y de ella se derivaran recursos para el espacio público y la infraestructura de los barrios.

En la actualidad está claro que el presupuesto público es absolutamente insuficiente para cumplir con los objetivos del desarrollo urbano. Sin embargo, la nueva metodología para planear el desarrollo por zonas, requiere de la inversión privada e inmobiliaria, pero no en la forma anárquica y al margen de la rectoría del interés público, como ha venido sucediendo. Hoy se impone por necesidad la regla de que el que paga, no manda, sino que obtiene beneficios privados bajo la condición de servir al interés social.

En la ciudad se configuran ya distintas áreas de actuación para detonar zonas hasta ahora deprimidas. La sociedad, los vecinos, los ciudadanos del Distrito Federal deben apropiarse del crecimiento sustentable e integral de la ciudad con base en ver el bosque y no perderse entre los árboles de su espacio más inmediato.

Zonas deprimidas como Zona Rosa y Chapultepec, colonia Guerrero y Tepito, la zona de hospitales en Tlalpan, colonia Doctores, la modernización de los mercados públicos sin que estos pierdan su carácter social, económico y cultural, la zona de La Merced y propuestas interesantes como las que han planteado grupos de ecologistas y ambientalistas de “Ríos Vivos” rescatando el Río Piedad en Viaducto hasta su confluencia con Río Churubusco, por citar algunos ejemplos, marcarían la ciudad a futuro, pero que el solo plantearse como posibles tienen factibilidad de convertirse en un método, un proceso vivo y armonioso donde el interés público, la inversión privada, la academia y la sociedad estén alineados y convergentes de manera coherente y no conflictiva.

Esto implica definir lo que hay que conservar, pues transformando y creciendo es como podemos recuperar áreas verdes, impedir la especulación anárquica y desarrollar infraestructura urbana necesaria, más transporte público y servicios.

Esto requiere mover incluso las formas de actuación social y ciudadana de las colonias, barrios y pueblos, reformando leyes como la Ley de Participación Ciudadana y conectando con una reforma política democrática que ciudadanice el desarrollo urbano de manera incluyente.

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@MarcoRascon