De monstruos y política

"El Chapo": economía y delito

Para una parte de mexicanos, "El Chapo" es un empresario exitoso. Como símbolo de violencia no existiría sin el gran mercado de Estados Unidos y la ilegalidad que hace del mercado de las drogas un gran negocio.

Parafraseando a Hans Magnus Enzensberger de su libro Política y delito, el significado de El Chapo como amasador de gran fortuna y cohabitante de nuestra vida económica y política define lo que somos.

Es la expresión de la línea divisoria imperceptible entre negocios legales e ilegales, pues desde gobernadores, presidentes municipales, diputados y senadores, pasando por banqueros e inmobiliarios, han sido descubiertos en operaciones ilícitas y en vinculación con delincuentes.

En uno de sus ensayos sobre Al Capone, Enzensberger sostiene que las mafias y sus formas, como la famosa Omertá (justicia entre ellos), son precapitalistas de la oferta y la demanda, de la lucha por mercados y la formación de monopolios por territorios que se definen con la eliminación física de la competencia.

La detención de El Chapo no es un símbolo de justicia, sino de impunidad. Junto con él o antes debieron caer mínimamente más de 100 personajes para hacer creíble un golpe estructural al narcotráfico. Debieron caer gobernadores, diputados, senadores, banqueros, empresarios, filántropos, que han vivido entre la ilegalidad y la vida pública, en una economía mal formada y llena de sobrerregulaciones.

Para una parte de mexicanos, El Chapo es un empresario exitoso. El Chapo, como símbolo de violencia, no existiría sin el gran mercado de Estados Unidos y la ilegalidad que hace del mercado de las drogas un gran negocio. El Chapo, visto como fenómeno económico, revela la debilidad de nuestro sistema financiero y como gran promotor del mercado inmobiliario.

Repito aquí la frase del Barón de Rothschild, fundador de la banca inglesa: “Cuando exista sangre en las calles, compra propiedades”. ¿Quién compró Ciudad Juárez a valor de remate y hoy de cada peso de un inmueble o rancho abandonado, que valdrá? ¿Cuánto vale una propiedad en Acapulco o Cuernavaca frente a la violencia? ¿Cómo se estarán reestructurando los nuevos capitales legales provenientes de la violencia? ¿Qué sucederá en Michoacán?

La historia de El Chapo es bastante parecida a la de Pablo Escobar Gaviria en Colombia. Finalmente lo detienen solo, abrumado, decadente por una llamada detectada con tecnología norteamericana.

Ya no sabemos si la realidad le copió a la serie de tv o El Chapo quiso emular a Escobar y repetir su historia, pero obviamente existe, en este caso, una falta de imaginación de los productores de la serie que estamos viendo y podría llamarse: Joaquín Guzmán, El Patrón del Mal. Ambos se fugaron de sus cárceles de oro, frente a dos gobiernos semejantes en incapacidad e ingenuidades. Con escenografías distintas, pero ambos lograron arreglos con el Estado. ¿Habrá salvado la vida Guzmán Loera aceptando o rechazando la extradición a EU? Pronto lo sabremos.

Es obvio que el Estado mexicano decidió que El Chapo viviera, a diferencia de Beltrán Leyva u otros, pudo ser un acuerdo con él.

Guzmán Loera no pudo tomar su AKA-47 y no tenía guardia armada; por eso no murió como Nacho Coronel o Beltrán Leyva. Lo perdió un celular y sus túneles lo llevaron a una celda. Los relatos imprecisos sobre la detención, huelen a farsa de una entrega arreglada, que permite apresar al Chapo y salvaguardar los vínculos entre economía y delito.

Una cuestión que hay que reconocer: para los que vivimos la política del país antes del año 2000 y particularmente de 1968 a 1994, el sello del montaje priista es inconfundible. Los panistas nunca lograron las escenografías priistas y estos golpes mediáticos.

El Chapo con su camisa blanca planchada de su talla tras ser detenido en su cama; autor de miles de muertes a lo largo de 13 años; cabeza del emporio económico más grande de droga en el mundo actual, es llevado con “manita de puerco” que utilizan los policías municipales para subir borrachos a la patrulla: es una imagen pueril de maltrato para que el público reconozca que el gobierno manda y nos salva, no con imágenes de dólares sobre un cadáver, ni camiseta Polo de un narco risueño, sino con un Chapo sometido.

Pero el tema de fondo no está ahí. El problema esencial es que la detención no nos libra de la impunidad de cientos que fueron sus socios y tampoco nos resuelve la condición de sobrerregulación que sirve para que en el país sigan creciendo los negocios provenientes del crimen y la violencia.

Se nos olvida, pero la detención de El Chapo está ligada a la portada del Time de hace una semana, donde el Presidente nos está salvando y que fue en Estados Unidos donde primero se dio la noticia de El Chapo.

Todo cuadra, pero poco cambia… y la impunidad se salva.

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