De monstruos y política

El "Banco del Tiempo"


De antemano, el agradecimiento a Luis Valdivia, compañero de los tiempos de los movimientos populares independientes y que me ilustró sobre la idea del Banco del Tiempo.

Encontré que en España ante la crisis, al igual que lo hicieran en un tiempo los desocupados de Argentina, en algunas ciudades como Bilbao se generó la experiencia del trueque y convertir el tiempo de servicio y su intercambio en un valor de uso que no requiere moneda o hizo una propia, revelando la esencia del capital, donde el trabajo constituye la mercancía que genera el valor de todas las otras mercancías.

Sin embargo, esta idea en torno a intercambio de servicios y bienes materiales, sin ser excluyente, podría tener un concepto adicional, cualitativamente diferente y que se refiere al gran valor de intercambio de conocimientos desde diferentes edades y que en México se han fragmentado malamente.

Un Banco del Tiempo es un nuevo concepto de intercambio de conocimiento, experiencias y creatividad, uniendo la fuerza de los niños, adolescentes y jóvenes a la experiencia de los adultos y ancianos.

Los conocimientos acumulados son valores. La creatividad es un gran capital social que, al igual que el dinero, adquiere su valor en el cambio, pues genera oferta y demanda de conocimientos.

En nuestros últimos años, las políticas públicas, asistenciales, se han preocupado por apoyar a los adultos mayores para la sobrevivencia, pero tanto a ellos como a otros sectores, llámense jóvenes o niños, no se les atiende de manera integral. Las políticas contra la pobreza no resuelven el problema de la pobreza.

Se desperdicia el conocimiento que los bisabuelos, abuelos y adultos les pueden proporcionar a los jóvenes y niños. El desprecio hacia la experiencia y el conocimiento es generalizado y se refleja en las políticas de empleo. ¿Cuánto conocimiento puede ofrecer un niño que nació y vive con las nuevas tecnologías y enseñárselas a sus mayores, que renuncian a las nuevas herramientas refugiándose en una supuesta incapacidad de la edad para entender a sus descendientes?

El conocimiento de los adultos y ancianos es despreciado por el mercado laboral, pese a que constituye un gran capital social en México. El conocimiento de abuelos a nietos y de éstos a sus mayores no solo no se promueve por las políticas públicas sociales y culturales, sino que pareciera que existe la mano invisible de querer separar sus conocimientos.

Un ejemplo contrario: en mi generación ingresamos a los 12 años a la Universidad de Chihuahua y en el campus estaba la secundaria y preparatoria, rodeada de escuelas de educación superior. Nuestra convivencia desde adolescentes con mayores, por nuestro contexto, nos hizo precoces en política y absorber el saber y buscar lo nuevo para cambiar. Esa experiencia educativa fue considerada un error que favorecía la subversión, pero que construyó generaciones donde había desde adolescentes hasta jóvenes maduros y profesionistas que compartíamos los mismos intereses sociales y políticos y fue la base de la formación de miles. El gran mercado de las ideas era el debate abierto y la confrontación de ideas.

La gran fuerza del país está en el conocimiento y experiencias, que la idea falsa de la modernidad considera pensamientos atávicos y un lastre. El desperdicio es enorme al tirar la gran obra magisterial que se encuentra en las comunidades, que, al reconocerse, debería ser considerado un capital de inversión en un Banco del Tiempo.

Imaginemos un Banco del Tiempo donde tanto niños como adolescentes, jóvenes y adultos mayores intercambiaran sus conocimientos de sus respectivos tiempos y que constituyen el gran capital social del conocimiento mexicano. Los Bancos del Tiempo serían laboratorios sociales de conocimiento, universidades en cada casa, barrio o centro de trabajo.

Desde las políticas culturales y sociales; desde las actividades económicas podrían detonarse procesos educativos no formales y que están ahí, pero muertos y aislados.

La idea de un Banco del Tiempo como transacción de bienes, como lo han hecho en España, es uno. Un concepto de Banco del Tiempo para el intercambio de conocimiento entre generaciones puede ser otro y ya sea desde las instituciones sociales, educativas y culturales podrían existir en nuestros barrios, comunidades y centros de trabajo.

Los Bancos del Tiempo apuntan hacia nuevas formas de intercambio y organización social del siglo XXI, donde el conocimiento del presente debería ser obligatoriamente compartido entre generaciones y donde los niños enseñaran a los mayores y viceversa.

Hacer realidad el Banco del Tiempo podría tardar, pero creo que, por ser necesarios, no son una utopía.

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