De monstruos y política

20 años de la Declaración de la Selva Lacandona

Aunos meses de haber respaldado el Senado la entrada de México al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, despertamos aquel 1º de enero de 1994 con la noticia de un levantamiento armado en Chiapas que por sus dimensiones, origen y objetivos desconocidos en el primer momento generó una inmensa incertidumbre y expectativa a escala nacional e internacional.

Un nuevo discurso político del vocero de la insurrección, los antecedentes agrarios de enfrentamientos con los finqueros y ganaderos de Chiapas, así como la circulación del primer texto que reivindicaba la insurrección y la fecha del levantamiento, conjugaban lo local con lo nacional, pues era el día en que México entraba a la modernidad prometida por el salinismo y a una vanguardia de defensa nacional surgida en una de las regiones más pobres de México. Los primeros 12 días fueron inciertos y cambiaron la historia de México con la fuerza del 68, el 85 y el 88 mexicanos.

La insurrección, fundada en la Declaración de la Selva Lacandona, a las pocas horas, se perfilaba como un movimiento de liberación nacional y convocaba a los mexicanos a sumarse al levantamiento en armas: tenía concepto y contexto.

Apelando a la historia de México contra las entregas y la violación de la soberanía, desde la caída de Tenochtitlan, pasando por el despojo del territorio y la intervención francesa, la fecha y la declaración implicaban una definición de postura a todos los mexicanos.

En su primer punto ordenaba: “Primero. Avanzar hacia la capital del país venciendo al ejército federal mexicano, protegiendo en su avance liberador a la población civil y permitiendo a los pueblos liberados elegir, libre y democráticamente, a sus propias autoridades administrativas”.

En el cuarto y quinto punto, afirmaba: “Cuarto. Formar nuevas filas con todos aquellos mexicanos que manifiesten sumarse a nuestra justa lucha, incluidos aquellos que, siendo soldados enemigos, se entreguen sin combatir a nuestras fuerzas y juren responder a las órdenes de esta Comandancia General del EJÉRCITO ZAPATISTA DE LIBERACIÓN NACIONAL. Quinto. Pedir la rendición incondicional de los cuarteles enemigos antes de entablar los combates”.

Para concluir el plan, llamaba: “PUEBLO DE MÉXICO: (…), estamos conscientes de que la guerra que declaramos es una medida última pero justa. Los dictadores están aplicando una guerra genocida no declarada contra nuestros pueblos desde hace muchos años, por lo que pedimos tu participación decidida apoyando este plan del pueblo mexicano que lucha por trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz”.

Los mexicanos seguimos desde ese momento, minuto a minuto, las informaciones sobre la incursión del Ejército mexicano contra los insurrectos y la foto que volcaría la opinión pública nacional en favor de los insurrectos: un indígena muerto en el mercado de Ocosingo, portando un rifle de palo.

Surge el Subcomandante Marcos como ideólogo, político y estratega, que inserta lo que para unos estaba atrás y lo pone adelante: reveló la existencia en México de la condición indígena, el racismo y la segregación de los no incluidos en la modernidad.

El año de 1994 es el inicio de las consecuencias de un Tratado con condiciones pésimas para México y con efectos particularmente desastrosos para los campesinos, pequeños y medianos empresarios. Se masifica la economía informal y surge una nueva oligarquía gracias al proteccionismo de unos pocos y la quiebra de miles.

Es el inicio de una transición política y económica convertida en naufragio, democracia deforme, perdida de la soberanía y una ubicación fallida de México frente al mundo global.

En estos 20 años, la izquierda renuncia a la lucha democrática, deja de creer en el cambio, se hace conservadora, deformada por el lopezobradorismo, cuyo único fin es la Presidencia y lucha por destruir y desprestigiar al cardenismo y al zapatismo que le precedieron.

Hoy, quien hace las declaraciones de guerra es el gobierno. Lo que se cuidó en Chiapas contra el EZLN lo cedió el gobierno al narcotráfico, logrando violentar al país. En Guerrero y Michoacán han surgido los grupos de autodefensa, no armados de palos, sino de AK-47.

Por donde se le vea, la insurrección de hace 20 años expuso abiertamente el desacuerdo nacional sobre un rumbo que el gobierno priista impuso al país, y por ello la insurrección de entonces fue una aportación positiva para la dignidad de México que sigue sin acuerdo y buscando el camino.

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@MarcoRascon