A la intemperie

Un verdadero equipo mundial

Un equipo conformado por estrellas de los países ausentes haría más por el entendimiento internacional que muchos organismos globales.

Al Mundial de futbol le falta algo para ser verdaderamente acreedor a ese nombre: un equipo mundial. Un equipo que no necesariamente levante las pasiones nacionalistas a escala global (bueno, cuando menos no en los 32 países hoy representados), pero que le dé oportunidad de llegar a los que con toda probabilidad de otra manera nunca llegarían.

Más aún, siendo que el mundial es la ocasión por excelencia en la que salen a relucir tanto banderas como complejos nacionales, tanto aspiraciones e ilusiones deportivas como xenofobia y patrioterismo ramplón, un equipo mundial transmitiría un mensaje de futuro más allá de lo que tantas veces se dice en tantos foros internacionales.

No hay ni puede haber sistema que asegure que al torneo lleguen los 32 mejores equipos. Algunos de los ausentes son mejores que otros que llegan ya sea porque les favorece la geografía o la compleja diplomacia de FIFA. Y sin embargo, mostrar el mejor futbol del mundo y contribuir también al fair play, al entendimiento entre personas más allá de banderas y complejos nacionales, sería relativamente sencillo con un “equipo 32” formado por jugadores de países ausentes del Mundial. Réstese de manera rotatoria uno de los lugares asignados a cada confederación y constrúyase un espacio para el entendimiento y la paz de la mano del interés común.

Piénsese en un equipo que bajo un esquema 4-3-3 alineara así:

El checo Peter Cech en la portería. Ha ganado tres veces el premio UEFA al Mejor Guardameta del Año y tiene el récord de más partidos sin aceptar gol en la Liga Inglesa, pero se perderá este Mundial tal y como le pasó con el anterior en Sudáfrica.

La defensa sería una barrera de miedo, empezando por el serbio Nemanja Vidíc, actualmente en el Inter de Milán y en algún momento el fichaje más caro en la historia de la Liga Rusa. David Alaba, quien ha sido el segundo jugador más joven en debutar en el Bayern Munich, representaría a Austria, ausente en últimos cuatro mundiales. Otro central sería Neven Subotíc, también de Serbia y jugador actual del Borussia Dortmund, mientras que en la lateral izquierda podría estar su compañero de equipo, el polaco Lukasz Piszczek.

La composición de la media ampliaría la sensación de “resto del mundo” con Juan Arango, de Venezuela; Henrikh Mkhitaryan, de Armenia, y Arda Turán, de Turquía. Venezuela nunca ha ido a un Mundial, y a juzgar por lo que le sucede no se ve factible que lo haga. Arango es dueño de los tiros libres en los Xolos de Tijuana (le llaman el Beckham sudamericano) y sería el primer venezolano en poner pie en el torneo. Armenia tampoco ha estado en un Mundial, aunque recién “nació” en 1992 a raíz de la disolución de la URSS, por lo que Mkhitaryan, otro del Borussia Dortmund, también sería el primero en llegar. Finalmente, Arda Turán, lesionado para la reciente final de la Champions con el Atlético de Madrid, regresaría la representación turca por primera vez desde Corea-Japón en 2002, cuando, para sorpresa de todos, Turquía, que no llegaba al Mundial desde 1954, alcanzó el tercer lugar del torneo.

Y qué decir de la delantera. Empecemos por el galés Gareth Bale, el fichaje más caro en la historia del futbol español. Acaso ésta sería también la única manera en la que Gales regrese a un Mundial, ya que su única aparición fue en Suecia 1958. Y fue contra Gales cuando México obtuvo su primer punto en la historia del torneo (1-1 con gol de Jaime Belmonte, El Héroe de Solna, al minuto 89). Y qué tal el sueco Zlatan Ibrahimovic, hoy en el PSG, como centro delantero. Acaso el haber jugado en el Ajax, Juventus, Milán, Barcelona, Inter de Milán y PSG diga algo de su calidad y su temperamento. Completaría la delantera el paraguayo Óscar Cardozo, aunque haya sido quien falló el penal hace 4 años frente a España y también hace unos días con el Benfica en la final de la Europa League frente al Sevilla.

El Mundial es un extraño escaparate que nos muestra tal cual somos, aun si nos gusta decir que no nos gusta el futbol. Al torneo cumbre del deporte mundial por excelencia le haría falta solo eso, un verdadero equipo mundial, para completar la faena.

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