A la intemperie

Una radiografía de nuestra religiosidad /II

Setenta y nueve por ciento de los mexicanos nos decimos católicos. Siete por ciento más decimos pertenecer a otra Iglesia o religión. Pese a ello, la Encuesta Nacional de Cultura y Práctica Religiosa “Creer en México” 2014, comisionada por el Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana, el Imdosoc (www.encuestacreerenmexico.mx), pone el dedo en la llaga: “No es posible que en un país tan católico existan tanta hambre y desigualdades”. Más claro, ni el agua.

Pensándolo bien, dicha expresión podría haber hecho referencia también, para desgracia y vergüenza nuestra, a la violencia y a la corrupción, al individualismo y a la ausencia de consideración a los demás como realidades que cuestionan nuestra supuesta religiosidad. Acaso sucede que, pese a ese 79 u 86%, la ausencia de espiritualidad permea nuestra cotidianeidad, desde lo económico hasta lo político y lo social. Total, si hace años que se abolió el civismo y se dejó cauce abierto al cinismo…

La encuesta es un manantial de información. Y de sorpresas que confirman que la supuesta “sabiduría convencional” con frecuencia no es ni la una ni la otra. O lo que es lo mismo, no por ser compartidos son certeros nuestros prejuicios. Así, con relación al comportamiento y actitudes en la espera pública, se pregunta en una escala de 1 a 10, donde 10 sería lo más importante, “¿qué piensa usted de la actitud que las autoridades deben tener en materia de derechos humanos?”. El promedio de respuesta de los católicos es 8.3. De los no católicos, 8.7. “¿Qué tan importante es para usted que el gobierno rinda cuentas de en qué gasta el dinero?” Católicos: 8.2, no católicos, 8.8.

“¿Qué piensa usted de pagar mordidas a funcionarios públicos?”. Igual, siendo 10 equivalente a completamente inaceptable, católicos: 7.8. No católicos, 8.6. “¿Qué tanto cree que se justifica dejar de pagar impuestos?”. Siendo 10 equivalente a “jamás”, católicos: 6.7. No católicos, 7.2.

La tarea de la Conferencia del Episcopado Mexicano no es menor. Resulta que quienes dicen no ser católicos dan mayor relevancia a los derechos humanos y a la rendición de cuentas; son también quienes consideran más inaceptable pagar mordidas y evadir impuestos. ¿Acaso, con todo y todo, el Estado ha hecho una mejor labor de formación de ciudadanos  que las instituciones o las escuelas católicas, a las que ha asistido en algún momento de su vida 3% de los mexicanos?

Por lo pronto, y sin regresar a épocas pasadas, se sigue escuchando tanto el “ya no hay valores…”, que a nuestro país le haría bien una conversación pública más amplia sobre el papel de la espiritualidad en el siglo XXI. Y en ello, es de reconocerse el valor del Instituto Mexicano de Doctrina Social Cristiana.

 

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