A la intemperie

¿En qué piensa cuando piensa en México?

Hace algunos meses, el Real Instituto Elcano difundía una encuesta sobre la percepción acerca de España en el mundo. A la pregunta central “¿con qué asocia usted a España?”, en el norte de Europa (Alemania o Reino Unido) la respuesta es mayoritariamente “sol”, mientras que en Asia (Corea del Sur o Indonesia) la mayor respuesta es “toros” o “futbol”. Interesantemente, los mexicanos asociamos a España sobre todo con “crisis”, por delante de toros o ciudades o madre patria o cultura. ¿Con qué se asociará hoy el nombre de México en el mundo?

El “momento de México” parece haber durado eso, un momento, si no es que casi “un momentito”, recordando aquel anuncio que hizo calle hace un par de décadas. Atrás ha quedado la época en la que la prensa internacional hablaba de acuerdos, avances, reformas, de una nueva generación de políticos y de expectativas. Ahora, sin demérito de la importancia de lo logrado en los ya lejanos primeros 20 meses de esta administración, en los que se tocaba por nota y la orquesta sabía qué hacer ante cada gesto o guiño del conductor, pareciera que la prensa internacional habla de un país distinto a aquel que en el segundo día de gobierno inauguraba un nuevo espacio para impulsar el desarrollo del país.

¿Con qué se asociará hoy el nombre de México en el mundo? La reputación nacional en el exterior es un factor clave para el desarrollo. Lo es en términos de varios de los grandes motores del crecimiento económico del siglo XXI, como el turismo internacional o la inversión extranjera, el comercio exterior o la atracción de capital humano, y sobre todo el desarrollo de un “poder suave” que impulse los intereses estratégicos de México en el mundo.

Pero la reputación de un país es un fenómeno de construcción compleja, en esencia de carácter emocional, que se forma a través de la experiencia directa tanto como de la información que se recibe de terceros, así como también de estereotipos generalmente aceptados y no enfrentados con inteligencia. Son tres los grandes ámbitos que alguien tendría en mente para responder en cualquier país del mundo a la pregunta de “¿en qué piensa cuando piensa en México?”: nuestro nivel de desarrollo económico, la calidad de vida en el país, y la calidad de las instituciones que nos representan.

Para con el primer gran ámbito, la historia reciente es más bien mixta: activos por el lado de la estabilidad, pasivos por el lado de la equidad. Para con lo otro, la calidad de vida también tiene su propio componente emocional que va a la baja, al tiempo que varias de nuestras instituciones están quedando a deber, en efecto, de manera imperdonable. Bien le haría al país que el Presidente renovara su gobierno.

 

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