A la intemperie

¿No era penal? ¿Había que meterlo?

Por si hubiera alguna duda de que “el fútbol es lo más importante de lo menos importante”, a la Jorge Valdano, este escribidor ha constatado que el deporte que se juega con los pies genera más pasión y adjetivos que cualquier otro tema, sea o no más relevante para el futuro del país. Ningún artículo sobre los problemas de la educación pública en México, los dilemas de la política económica o los riesgos de la economía mundial o del populismo local genera tanta discusión como algo que tenga que ver con el futbol. El futbol y la moral, vale aclarar.

Para no repetir la pifia aquella de Francisco Labastida en el primer debate con Cuauhtémoc Cárdenas y Vicente Fox hace 15 años, cuando repasó uno a uno todos los no pocos insultos que Fox le había endilgado en la campaña, es mejor pasarlos por alto —como siempre— aunque no se deje de pensar en aquella de las máximas de Pelé en su autobiografía, “un penalti es una manera cobarde de anotar”, dicho, por cierto, por quien llegó al histórico gol número mil en su carrera de esa forma (ver https://goo.gl/CycqnV). Acaso el hecho, en nuestro caso, es que tratándose de algo que concierne al fuero interno de las personas, la discusión sobre si Andrés Guardado estaba obligado moralmente a fallar el penal o no es una inevitablemente compleja, subjetiva y por ende tanto interminable como inconclusa.

“Todo lo que sé de la moral y de las obligaciones del hombre se lo debo al futbol”, decía uno de los máximos exponentes de la conciencia del absurdo, Albert Camus, quien recibió el Nobel de Literatura en 1957, a los 44 años. El comité del premio consideró entonces que su obra ponía de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres. Siendo así, ¿qué hubiera dicho quien se opuso tanto al cristianismo como al marxismo o al existencialismo como formas de entender la realidad, acerca de la decisión de Guardado de anotar el penalti aquel que ya parece fue cobrado años atrás? Si ni Dios ni historia ni razón pudieran ofrecer una guía de principios, una ruta de pensamiento con la cual abordar la cuestión toral de “anotar o no anotar el penal”, ¿qué diría nuestro autor, anarquista por excelencia, sobre el caso?

Acaso hubiera dicho que le gustaría que Guardado hubiera entregado el penal a las manos del portero panameño (a mí también), pero que esa decisión quedaba en el fuero interno del jugador y de su equipo (así lo creo) y que por ende habría que respetar su decisión o incluso ausencia de ella aunque no nos pareciera acertada (coincido). Acaso hubiera recordado aquello de que hay temas de vida o muerte, y que siendo el futbol más importante que eso bien valdría tomarlo en serio, pero no tanto.

 

mp@proa.structura.com.mx