A la intemperie

No era penal, pero había que meterlo

Entre las formas de practicar la humildad y mantener la dignidad, decía la madre Teresa de Calcuta que pocas tan efectivas como ocuparse de los asuntos de uno mismo y no querer administrar los de los demás. Bueno, pues no había transcurrido ni un minuto tras el primer penalti marcado contra el equipo panameño por el árbitro estadunidense Mark Geiger, cuando ya el mundo de las redes sociales urgía a Andrés Guardado (AG) a fallarlo. A propósito, claro.

Lo interesante del caso, y por ello la razón de traerlo a estas páginas, es cómo el suceso mostró de manera instantánea algo del “tono del músculo moral del país”, parafraseando a Alejandro Hope, así como un buen dilema ético tanto como la enorme capacidad que nos distingue para autodenigrarnos y caer con facilidad en el circo del absurdo. Veamos.

Gurúes, guías y seguidores en el mundo artificial del Twitter se batían para construir la frase más demoledora, más replicada. “Lo honesto sería fallar deliberadamente…”. “Si existe pudor, quien tire el penal debiera tirarlo fuera…”. “Ojalá tengan la gracia de fallar adrede ese penal…”. “Por dignidad, México no debiera aceptar el penal. Una pizca de dignidad, carajo!...”. “Si lo tira fuera, AG se cubre de honor…”.  “AG tiene una oportunidad histórica: fallar el penal…”. “Falla AG. Juego limpio…”. Y el colmo, tras el cobro exitoso, “Qué pena por Andrés Guardado... Tan grande como futbolista y tan pequeño en personalidad. Hoy, con todo respeto, le faltaron sesos y huevos…”, lo que recuerda que con frecuencia en el mundo de las redes muchos tienen de unos pero no de los otros.

¿Era penal? Claro que no. Lo confirmó el propio Piojo Herrera, “y sin necesidad de haber visto el video”. Pero ese no es el tema. Lo relevante es que hubo una decisión del árbitro en la que no hubo participación o engaño de algún jugador mexicano. No hubo ni “la mano de Dios” en aquel gol de Argentina contra Inglaterra en 1986, ni la main de Dieu con el que Francia eliminó a Irlanda para el mundial de Sudáfrica en 2010, anotaciones después de las cuales tanto Maradona como Henry corrieron desaforados celebrando su engaño a todos menos a ellos mismos. Al poco tiempo no quedaba un solo engañado más.

No era penal, ¿pero acaso corresponde al jugador colocarse en un plano de superioridad moral para determinar que el árbitro estaba equivocado y por lo tanto debiera fallarlo? ¿O será que detrás de nuestro llamado “a la dignidad” para no anotar el gol del empate se esconde el hecho de que el juego era contra un “chico” de Concacaf y no contra Alemania u Holanda, por decir algo? Andrés Guardado hizo lo que debía hacer, había que meterlo, y recordar que en el deporte hay eso, injusticias a veces de un lado y a veces del otro.

 

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