A la intemperie

Un nuevo pacto… ¿para qué?/I

Las últimas batallas en materia fiscal dejaron más muertos y heridos que de costumbre. La estrategia de alianzas políticas entre la administración Peña Nieto y los principales partidos en el marco del Pacto por México, implementada con éxito gracias al tacto y prudencia que le caracterizó durante buena parte de 2013, tenía un final de película fácil de predecir: el gobierno tendría que asimilar, inevitablemente, un matrimonio con la izquierda en lo fiscal para poder llegar a su vez a construir otro matrimonio, pero ahora con la derecha en lo energético. No había más que detenerse en los planteamientos de campaña del candidato ganador para vislumbrar algo no muy distinto a lo que finalmente sucedió.

Durante algunas semanas, el PRD se jactó de su “nueva mayoría para gobernar” e imponer nuevos impuestos —la redundancia es inevitable— a los dividendos o a las ganancias de capital en la bolsa. Su “nueva mayoría” le permitía aumentar las tasas impositivas a los que más ganan o eliminar la consolidación fiscal de las empresas, combatir supuestamente la obesidad o aumentar el déficit público y dejar atrás el “mantra neoliberal” de los equilibrios fiscales, temas todos relevantes y cada uno de los cuales debe analizarse en sus propios términos para concluir avance o retroceso.

Claro que esa misma izquierda que presume “su mayoría” para gobernar en lo fiscal, sigue sin poder asumir su condición de minoría menor para todo aquello en lo que la expresión electoral de la voluntad popular le ha otorgado un peso que no le permite por sí sola obstruir modificaciones constitucionales. El recurso entonces es aplicar la clásica de que “la democracia es un buen sistema de gobierno cuando yo estoy de acuerdo, pero un robo en todo aquello en lo que me opongo pero no puedo evitar”. ¿Cómo era la frase? ¿Pobre de aquella democracia que pretende serlo pero no tiene demócratas en quien sustentarse?   

Volviendo al tema fiscal, los resultados del acuerdo con el PRD motivaron el divorcio con el sector privado nacional —divorcio no exento de una posible reconciliación en un corto plazo—. Éste se ha hecho más evidente en la medida en que desde Davos se anuncian nuevas inversiones en México por parte de empresas afectadas por los nuevos impuestos, notablemente por aquellos destinados a supuestamente combatir un problema nacional de enorme gravedad pero compleja solución: la obesidad (habrá que ver si los impuestos, más allá de recaudar, logran lo que dicen buscar).

En este contexto, desde la Secretaría de Hacienda surge un anuncio acerca de la conformación de un “Acuerdo de Estabilidad Tributaria”. No hay claridad en la información, pero se dice que éste buscaría dar certidumbre a empresas, trabajadores y familias que pagan impuestos “durante un tiempo”, de forma tal que hasta 2016, cuando menos, se mantenga vigente el esquema fiscal que opera hoy en día. Todo ello parecería indicar que es señal de un intento gubernamental por resarcir daños y construir puentes con el sector empresarial en materia fiscal. Será que ante el rompimiento del Pacto por México hay que ir tejiendo otros nuevos pactos que mantengan la sensación de diálogo y de acuerdo con los sectores productivos (y no solo con las autodefensas, salvo que se crea que éstas puedan también surgir en el ámbito fiscal…).

¿Pero para qué un nuevo pacto fiscal si se han de mantener igual los cambios efectivos a partir de este año? ¿Para señalar que cuando menos no habrá aumentos de impuestos hacia adelante (“lo caido, caido” pero hasta ahí)? ¿Para qué si no hay disposición de analizar el impacto real de los nuevos impuestos tanto en la actividad económica general como en los sectores directamente afectados? ¿Para qué si no hay disposición de analizar el impacto real del nuevo gasto público adicional sufragado por los nuevos gravámenes?

Acaso el matrimonio fiscal por lo civil pueda concluir tan pronto los contrayentes se separen, mientras que el matrimonio energético por la iglesia tenga asegurada una vida mayor dado que “lo que el creador ha unido no lo debe separar el hombre”.

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