A la intemperie

No

“En un matrimonio de más de una semana hay causales para el divorcio. El reto es encontrar las razones para mantener el matrimonio”: R Anderson.

Seguramente a la hora en que estas líneas sean leídas ya se sabrá de manera oficial el resultado del referendo en Escocia, lo que no es el caso al momento de escribirlas. La razón de ello es tanto la diferencia de seis husos horarios con la isla, como la inexplicable inexistencia de encuestas de salida que permitan anticipar el resultado tan pronto cierren las casillas.

No deja de ser un misterio el porqué, en un país de enorme tradición democrática y ante una de las elecciones más relevantes en la historia reciente de Europa, ninguna de las organizaciones reconocidas en la materia decidió llevar a cabo una encuesta de salida. Más aún porque es a través de dicho ejercicio, el que no está exento de riesgos, que se puede conocer quién se expresó y de qué manera en las urnas.

Dada la naturaleza secreta del voto, la encuesta al exterior de la casilla es lo que permite tener elementos bastante fidedignos para saber cómo se comportó el voto según género o edad, grado de estudios o nivel socioeconómico, según grupo religioso o racial. En esencia, permite tener más elementos para saber qué fue lo que hizo que el resultado se inclinara en un sentido o en otro, y por lo tanto interpretar qué es lo que los votantes quisieron decir.

Pero ni la BBC ni los famosos tabloides británicos ni los diarios de mayor prestigio se animaron a efectuar una encuesta de salida. Las explicaciones abundan: que si en un principio la votación parecía tan clara en favor del “no”, que no habría interés en el ejercicio; que si más tarde, a la hora en que las encuestas se emparejaron, se convirtió en una tarea demasiado riesgosa, más aún ya que la lógica del votante en los referendos es muy distinta a las elecciones normales; en estas últimas, cada cierto tiempo el ciudadano puede cambiar de parecer o explorar nuevas alternativas, pero si es cada 307 años que se puede plantear la pregunta sobre la unión de una nación con otra, nadie querrá adelantarse con un resultado histórico que pueda estar equivocado.

En cualquier caso, ante las últimas encuestas y con algunos resultados ya enterados, todo parece indicar que el veredicto será “no” a la independencia de Escocia. Los independentistas se habrán quedado muy cerca de su anhelado objetivo, acaso por la aversión al riesgo propia de la naturaleza humana (por acá simplemente recurriríamos al clásico “más vale malo por conocido que bueno por conocer”).

Psicólogos como Daniel Kahneman y Amos Tversky han estudiado la respuesta humana ante posibles ganancias o pérdidas para concluir que, bajo ciertos escenarios, las personas pueden considerar que una pérdida genera mucho más dolor que la satisfacción que se derivaría de una ganancia equivalente. En otras palabras, dado el riesgo de que las cosas se compliquen para una Escocia independiente, ¿para qué sacrificar lo que se tiene en aras de un futuro incierto? A nivel electoral, por ejemplo, los casos abundan de candidatos que se interpretaban como riesgosos y por tanto debieron vencer el temor de los votantes para eventualmente ser electos. Así, Salvador Allende alcanzó la presidencia en su cuarto intento (1970), Francois Mitterrand en su tercero (1981), Lula da Silva en el cuarto (2002). López Obrador quedó cerca en su primer intento, lejos en el segundo y difícilmente estará menos lejos en los siguientes. Lo mismo con los referendos sobre la independencia de Quebec, que tanto en 1980 como en 1995 se pronunciaron por el “no”, aunque en éste todo indicaba previamente que el resultado sería distinto.

En cualquier caso, ya sea que se haya cancelado o no, el intento de divorcio entre Escocia y el resto de Reino Unido (o “UK”) habrá generado más de una herida que tardará tiempo en cicatrizar. Al final del día, todo indica que habrán sido unos cuantos votos los que habrán hecho la diferencia, por lo que ni el matrimonio se interpretará como sólido, de ganar el “no”, ni el divorcio podrá tener carta de “diferencias irreconciliables”, de haber ganado el “sí”.

Total que mientras la votación de ayer se llevaba a cabo, la reina Isabel II “la seguía de cerca” no desde el Palacio de Buckingham, en el centro de Londres, sino desde su Castillo de Balmoral, al noreste de Escocia. Todo parece indicar que hoy estará brindando con un escocés de una sola malta (whisky, claro). También allá hay símbolos políticos dispuestos para quien los quiera ver.

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