A la intemperie

El muro

Hablamos usando metáforas, pero también pensamos en función de ellas. Si decimos, por ejemplo, que el matrimonio es un "arreglo contractual", tendremos distintas expectativas sobre él que si lo describimos como una "ruleta rusa" o un "trabajo en equipo". Así, el poder de una metáfora va más allá de las palabras, pues moldea nuestra percepción y entendimiento de la realidad.

El presidente Trump no podrá cumplir muchas de sus promesas de campaña, pero ya ha tenido un logro aun antes de iniciar su gobierno: ha impuesto la metáfora de un enorme muro entre México y Estados Unidos. La ha impuesto como una idea en la mente de todos los habitantes de ambos países. No importa que ya exista una valla en cerca de mil kilómetros. Una valla, al final de cuentas, es porosa, se puede ver a través de ella y carece del mensaje, de la consistencia física de un muro, el cual ni siquiera permite atisbar al otro lado. Vaya, ni siquiera quiere que les veamos, pues.

No importa que a lo largo de la historia los muros no hayan cumplido su propósito. La Gran Muralla china era una colección de pequeñas secciones que no mantuvo fuera a los bárbaros, pero el primer gobierno comunista restauró los tramos cerca de Pekín... para utilizarlos como una metáfora de la otrora gloria y poderío chino. Tampoco los muros de Adriano o de Antonino al norte de Inglaterra pudieron mantener el control romano sobre su provincia de Britannia a inicios de la era cristiana, como el Muro de Berlín no impidió ver el contraste entre las dos Alemanias y la posterior debacle de una de ellas.

Acaso los muros son un intento por frenar y revertir algo que no tiene forma de detenerse. Así, son una ilusión para cuando menos mostrar un resultado físico, material, aunque éste no logre el propósito deseado. Pueden ser también, como es el caso, una señal de desconfianza, una ofensa mayor. Por eso, la respuesta del gobierno de México nunca debió centrarse en el pago del muro, lo que tácita cuando no expresamente acepta su construcción, sino que desde un principio debió haberse construido, sí, construido, alrededor de los principios que debieran regir la relación entre dos países que se dicen socios estratégicos.

En el vodevil en el que todo indica se desenvolverá la nueva presidencia estadunidense, "el muro" será un día sí y otro también parte central de esa comedia. Lo peor de todo será el sentimiento de ofensa que se asocia siempre a esa escena. Así, nuestra cansada metáfora del "puente" no tendrá impacto si no estamos dispuestos a destruir algunos para hacer valer su relevancia, así como a generar otros para lograr que ese muro caiga más rápido de lo que ha tomado su edificación.

mp@proa.structura.com.mx