A la intemperie

El muro de Aureliano/I

Gracias, MZ.

"No hay nada más complejo que la curva de una decadencia”, escribe Marguerite Yourcenar en un ensayo que está por cumplir seis décadas el próximo año. Con la erudición de la primera mujer que formó parte de la Academia Francesa de la Lengua, con todo y que nació en Bélgica, dirían quienes siempre están atentos al detalle sin ver el panorama, “Las caras de la Historia en la Historia Augusta” entreteje el proceso de descomposición social que llevó al súbito colapso de Roma.

“La Historia Augusta” reúne 28 retratos de emperadores elaborados por seis historiógrafos que recopilan o copian biografías previas que se perdieron en el tiempo. Quienes saben dicen que no es una obra de incuestionable relevancia histórica, dada cierta desconfianza acerca de la seriedad de sus autores. Pero es casi lo único que permanece escrito sobre los siglos II y III. Por lo tanto, a falta de alternativas, hay que escudriñar la autenticidad que tenga, por poca que sea.

Para estas líneas, sin embargo, lo relevante es considerar una vez más la caída del imperio Romano como un arquetipo del declive de cualquier imperio y, sobre todo, cómo es que nada en esa historia deja ver que el imperio está por desaparecer. Como si al estar al borde del precipicio se siguiera esperando que al frente esté la misma solidez del suelo que ya ha quedado atrás.

“De todas las construcciones de la época, tal vez sea el muro de Aureliano el que más trágicamente indique la enfermedad mortal de Roma”, señala la autora. Los cerca de 20 kilómetros de muros de ocho metros de altura, que a partir del año 272 lo rodearon por completo, generaron una falsa sensación de protección cuando en escencia indicaban que “la Roma abierta, segura de sí misma y bien defendida en sus fronteras había dejado de existir... contentando a aquellos a quienes las apariencias son más importantes que la realidad, es decir, casi todo el mundo...”. Cámbiese la época, la extensión, la altura si se quiere y algún otro detalle para tener a la mano otra lección de la historia para quien se interese en conocerla.

Porque eso mismo es lo que tienden a ser los muros: expresiones materiales del deseo por la seguridad que se carece. Si se les lleva más allá, son también expresiones físicas que hacen creer a quienes se encuentran dentro que solo existe infierno afuera: no solo son distintos, son malignos e inferiores, reforzando prejuicios en quien ya los padece y pudiendo crearlos en quienes no. De igual forma, quienes supuesta o en ocasiones literalmente nos consumimos en las llamas del subdesarrollo supuestamente soñamos únicamente con una vida del otro lado, del otro lado de un muro que, la historia señala, busca proteger lo que ya se perdió.

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