A la intemperie

Un muy buen primer paso / y II

Podrá no gustarles a muchos (aunque todo indica que hay otro tanto más que sí la aprecia), pero el hecho es que, como cualquier otro producto, la mariguana no tiene por qué ser ajena a las reglas del mercado. A ese complejo entramado que se forma con las decisiones cotidianas de miles o millones de individuos, algunos informados y otros en la ignorancia plena, algunos soberbios, unos caprichosos y otros más desesperados, pero todos actuando cada día sobre aquello que hace girar las ruedas de la economía (que no de la vida): el precio.

Hablando del mercado, dicen que el ánimo de dar consejos es el único producto cuya oferta siempre excede a la demanda. Aun así, a riesgo de deprimir todavía más su precio, más temprano que tarde la discusión pública sobre la mariguana deberá dar paso a una conversación más de fondo. Ya no en los términos ostensiblemente maniqueos de quienes piden libertad o prohibición total, sino en los términos en los que debe regularse un producto que responde a decisiones consensuadas entre adultos y que, además, dentro de poco será completamente legal en la mayor parte del vecino del norte.

Claro que nadie ha respondido aún dónde podrá surtirse legalmente un individuo interesado en portar 28 gramos de mariguana para su consumo, según la propuesta del Presidente. O de dónde se surtirán aquellos interesados en utilizar la hierba en investigaciones científicas. Si se va a dejar ese resquicio del negocio a los productores estadunidenses, ¿quién y a quiénes expedirá los permisos de importación? ¿Qué nivel de arancel y acaso cuota establecerá la Secretaría de Economía y basado en qué? Si se va a permitir que haya producción nacional para surtir a los científicos, ya no digamos a los consumidores, ¿qué nivel de impuestos tendrá el producto? Si es alto, alentará la compra en el mercado negro y la falsificación de toda clase de documentos pretendiendo argumentar una adquisición legal. Si el nivel impositivo es bajo, los opositores argumentarán que la autoridad misma promueve su consumo. No está por demás, sin embargo, analizar la manera en la que se fue estableciendo el marco fiscal del alcohol al término de la prohibición en Estados Unidos.

Podrá parecer prematuro a muchos, pero el hecho es que más vale ir pensando en cómo regular la mariguana no solo en términos fiscales o de comercio exterior, sino también en cuestiones de etiquetado y publicidad, o de horarios y condiciones de venta, entre otros aspectos. Proteger al consumidor, ahorrar o inclusive aportar recursos al erario y, sobre todo, sacar del negocio a los criminales requiere un mercado regulado, no un discurso que reconozca que la actual política ha fracasado pero que haga poco en el fondo para en realidad cambiarla.

mp@proa.structura.com.mx