A la intemperie

Otra buena historia casi no contada

Hay números que superan la imaginación. Si tan solo entre el 0 y el 1 hay una cantidad infinita (¿será el doble entre 0 y 2?), cuando se habla ya no de fracciones sino de muchos ceros, la mente es igual de impermeable. ¿Qué significa que el comercio exterior de México sea de 776 mil millones de dólares al año? ¿O que el intercambio comercial con Estados Unidos sea de mil 500 millones al día? Son cifras demasiado abstractas para nuestra cotidianeidad. Y sin embargo son reales.

Tan reales como que dos terceras partes de nuestra economía dependen del comercio. ¡Ah, ha! Eso hace más sentido, como el que nuestros empleos mejor pagados están en el sector exportador, o que de cada dólar que exportamos al norte, 40 centavos son de valor agregado estadunidense. Hay quien dice que eso es no solo exportar sino trabajar juntos.

Por el lado de las compras, importamos 30 por ciento más de los vecinos que la suma de todos los otrora envidiables Brics juntos (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). También les compramos más que los cuatro tigres asiáticos o los cuatro países europeos de mayor tamaño en su conjunto.

Y sin embargo, Platón dixit, una buena decisión se basa en el conocimiento, no en los números. Por eso, en su ignorancia supina el republicano hace de lado que en la Texas que votará por él hay casi medio millón de empleos que dependen del comercio con México, así como la señora Clinton menosprecia que esa cifra alcanza 700 mil en la California que le dará sus 55 votos electorales. En total, 6 millones de empleos allá dependen de comerciar acá, por lo que ambos han construido sus promesas de campaña sobre su conocimiento del ánimo ciudadano, más no en el conocimiento de lo que es mejor tanto para ellos (que debiera importarles) como para nosotros (que evidentemente les vale un comino. Se vale).

Un Trump allá y un López Obrador acá desatarían una desastrosa guerra comercial. No importa que uno sea un despilfarrador que vive en sus lujosos condominios en la 5ª Avenida de Manhattan y el otro un individuo austero que ha cedido sus departamentitos en Copilco; son iguales por lo que se refiere a los sofismas económicos a los que son adeptos, por lo que ya sabemos el resultado de esas historias: euforia inicial, catástrofe a la vuelta de la esquina. Inteligencia artificial, automatización, robótica: todo ello requerirá políticas laborales y educativas inteligentes y profundas, no parches ni retrocesos si es que queremos evitar el enorme reto en materia de empleo que se nos viene.

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