A la intemperie

El futuro de los jóvenes es hoy

“No soy lo suficientemente joven para saberlo todo”, aventuró alguna vez el autor de El retrato de Dorian Gray. ¿Y quién no quisiera ser joven para, parafraseando a aquel activista social estadunidense de los 70 y fundador del Youth International Party, los “yippies”, Abbie Hoffman, “ser arrogante, ridículo, excesivo, imprudente… pero tener la razón”?

Algunos dicen que la juventud es la única enfermedad que se cura con el tiempo. Otros, por el contrario, que toma bastante tiempo llegar a ser joven en plenitud. El caso es que lo que conocemos como la juventud en México parece estar atrapada entre espejos, el de las expectativas frente al de las realidades. Ya lo señalaba la primera encuesta iberoamericana de juventudes, levantada hace poco más de un año por la Organización Iberoamericana de Juventudes entre más de 20 mil jóvenes latinoamericanos en todo el continente: están atrapados en varias paradojas, entre las que destacan el tener mayor acceso a la educación, pero menor acceso al empleo; mayor acceso a la información, pero menor acceso al poder (y a su comprensión y entendimiento); mayor expectativa de autonomía, pero menores opciones para materializarla.

No ha de ser fácil ser joven hoy en día, aunque habría que preguntarse si para alguien alguna vez lo fue. Cierto es que en alguna época el joven sabía todo… de su propio, individual e indivisible mundo. Éste era si no insular, sí limitado. Con frecuencia no iba más allá de la esquina más cercana. Hoy en día, el joven sabe todo… de su propio, social y multiplicable mundo y del de los demás. “El mundo al alcance de las yemas de los dedos” ha pasado de ser un slogan comercial a ser una cotidianeidad. Y si bien las complejidades contemporáneas vienen siempre acompañadas por los propios instrumentos de su época, no puede uno dejar de pensar cómo la revolución de las expectativas y el exceso de supuesta información alejan cada vez más a los jóvenes de creer que el futuro es un espacio al que pueden llegar con bien.

Hay cuando menos una reforma estructural pendiente. Lo complicado de ésta es que su mayor obstáculo no es político ni legislativo, sino el mismo hecho de creer que es posible lograrla. Es la reforma de las expectativas para los jóvenes, para que vean en la educación no un medio para conseguir un empleo, sino su libertad; para que vean en la política no un medio para ganar dinero, sino para beneficiar a la sociedad.

Aunque el mismo autor que inmortalizó a Dorian Gray señalaba que la juventud se desperdicia en los jóvenes, si no queremos vender al diablo el alma de la nuestra, hay que darle la prioridad que requiere. Mañana es demasiado tarde.

 

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