A la intemperie

A favor de un millón de multas efectivas

He de ser de las pocas personas satisfechas por tener que pagar una multa. Me explico.

Hace días recibí por correo postal una boleta de infracción por circular supuestamente a exceso de velocidad en la autopista urbana norte, el Segundo Piso. Aunque la boleta viene acompañada de una foto del vehículo y no hay nada en ella que compruebe el exceso de velocidad, aceptemos simplemente nuestras muy probables culpas y a otra cosa. Y mientras tanto, reconocer que cuando menos hay alguna autoridad en algún lado haciendo su chamba: haciendo valer en este caso el Reglamento de Tránsito. 

Ahora, MILENIO Diario reporta (mayo 20, pág. 14) que está por definirse en estos días el nuevo reglamento y, para no variar, nuestras siempre creativas autoridades capitalinas vienen con su caudal de sorpresas. Por principio de cuentas, el reglamento dejará de ser metropolitano y se aplicará únicamente en el DF, como si la problemática que dio origen a la naturaleza metropolitana del reglamento hubiera desaparecido. Tanto trabajo para armonizar reglamentos, para que ahora llegue algún burócrata ilustrado a echar por la borda lo avanzado en años. Acaso de las peores noticias, aunque muy propia de los gobiernos capitalinos, es la filosofía de promover “un esquema de movilidad y no de sanciones”. El gobierno de la capital cree que es con buenos deseos como los ciudadanos vamos a respetar las leyes, cuando es la certeza de su aplicación la que orienta la conducta del ciudadano.

Otra modificación por el estilo, se dice, es que quien sea sorprendido conduciendo en estado de ebriedad deberá someterse a tratamiento contra las adicciones, al tiempo que se eliminará la permisibilidad de la vuelta a la derecha y no habrá sanción alguna ni para ciclistas ni para peatones (ciudadanos, claro, de primera).

Entrados en gastos, bien le haría a las finanzas de la ciudad y a nuestra convivencia cotidiana si la autoridad colocara cámaras en todos los semáforos para infraccionar de manera automática al que se pasó un alto, al que invadió el paso peatonal, a los transportistas que suben y bajan pasajeros en doble y triple fila, a los que invaden el carril confinado del Metrobús o el carril de ciclistas, a los motociclistas que no deben subirse a vías primarias, a los que agreden verbalmente a agentes de tránsito, incluso a los peatones que pasean mascotas y no recogen desechos. La inversión en dicho sistema de cámaras se recuperaría de manera muy expedita dado el comportamiento que nos caracteriza a los capitalinos.

Por cierto, la multa por exceso de velocidad llegó seis meses después de cometida la infracción. Pareciera que la Tesorería no corre prisa por tener sus arcas en buen estado.


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