A la intemperie

Esos empleos no volverán

Según la Agencia de Estadísticas Laborales en Estados Unidos, el mayor número de empleos manufactureros se alcanzó en junio de 1979: 19.5 millones de trabajadores, los que representaban 27 por ciento de la fuerza laboral. Eso fue 15 años antes del Tlcan. Desde entonces, la nueva ola del cambio tecnológico ha actuado una vez más, por lo que hace un par de meses el sector ocupaba 12.2 millones de trabajadores, menos de 10% de los empleos totales. Y sin embargo, pese a tener 7.3 millones de trabajadores menos, el sector produce 78% más bienes que hace 37 años.

El ser humano siempre se las ingenia para hacer más con menos, en particular los empresarios (hay la clara excepción de ciertas burocracias, sobre todo aquellas que solo piensan en mantener sus privilegios). Decir, como lo han dicho tanto la señora Clinton como Trump, aunque cada quien a su manera, que van a forzar a que dichos empleos regresen es una quimera, cuando no un engaño cruel a quien les cree. Como los acuerdos comerciales no eliminaron la mayor parte de dichos empleos, denunciarlos no los traerá de vuelta (y sí generará un sinnúmero de otros problemas, de los que se habla poco).

Por ejemplo, un análisis de la Universidad de Ball State en Indiana (https://goo.gl/GhHIER) calcula que solo 13% de la pérdida de empleos manufactureros en la primera década de este siglo en EU se debe al comercio internacional (haya o no tratados comerciales de por medio). ¿Y el restante 87%? Fácil: no se debe ni a la astucia de Jaime Serra ni a la picardía de Herminio Blanco ni a la pillería de Jaime Zabludovsky o a las trapacerías de los demás negociadores mexicanos del Tlcan (quienes, dicho sea de paso, en un plano personal han de percibir un dejo de orgullo —y a buena honra— cada vez que el embustero magnate neoyorkino cuestiona el tratado). Los empleos perdidos están en función de ¡ah!, esa eterna e inevitable actitud humana por innovar, por hacer mejor las cosas, por usar los recursos de manera más eficiente, en fin.

Criticar a China o a nuestro país es más fácil que aceptar que el cambio es lo único permanente. Lo relevante es buscar formas para que los beneficios del comercio se distribuyan más equitativamente, no querer detener el mundo. En la antigüedad, el sumo sacerdote sacrificaba un macho cabrío mientras que otro era cargado en vida con todas las culpas del pueblo judío para expiarlas y ser enviado a Azazel al desierto. Esperemos no tener que pasar por dicho trance.

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