A la intemperie

Digresiones sobre la nueva guerra del opio /I

Las primeras guerras del opio sucedieron en el lejano siglo XIX. El interés británico por controlar su comercio y asegurar su consumo en China generó dos conflictos bélicos en los que ésta terminó cediendo territorio, soberanía y la salud de su población. La nueva guerra del opio sucede hoy mismo y tiene lugar en todo Estados Unidos, con su inevitable y violenta ramificación hacia nuestro país.

Al parecer, todo comenzó en la segunda mitad de los 90. Los güeros (expresión ligera para referirse a los vecinos y la cual será cada vez menos aplicable...) no sabían qué tan bien estaban las cosas, comparado con cómo se pondrían años más adelante. Pese a sus pecadillos amorosos, un líder carismático y sensato les gobernaba. Su vicepresidente era una persona comprometida con las mejores causas del planeta. Inimaginable el que un voto de diferencia en la Suprema Corte de Justicia le diera a Bush Jr. la presidencia, que después vendrían el 11 de septiembre de 2001 y las nuevas guerras del petróleo y la debacle financiera y la gran recesión de 2008. Con todo y todo, a fines de los 90 hubiera sido más fácil pronosticar un presidente de raza negra en 2009 que un psicópata en 2017.

Por ello, sigue sin ser del todo claro qué factores ocasionaron que poco antes del nuevo siglo comenzara a darse un aumento constante en la expedición de recetas médicas para curar el dolor crónico mediante opiáceos (mi Tía Cleta dice que lo que es clarísimo es el porqué de su incremento en años recientes, aunque se desconozca la causa inicial). Parecería que la facilidad a inicios de este siglo para expedir recetas médicas fue generando grupos de personas adictas a los opiáceos, una parte de las cuales volteó al mercado ilegal —y provocó en parte el conflicto en Guerrero— cuando dejó de recibir el apoyo médico o de tener recursos para el pago del fármaco. Un vistazo rápido a unas cifras indica el tamaño de la tragedia.

En 1999, aproximadamente 4 mil personas en Estados Unidos murieron a causa de una sobredosis de droga, la mayoría por opiáceos. Para 2010 el número fue 16 mil y se calcula que el año pasado ascendió a 62 mil. Esta cifra es superior a todos los soldados estadunidenses fallecidos en los 10 años de su presencia en Vietnam y superior también a todas las muertes al año por accidentes de auto y por arma de fuego. Según el Centro para el Control de las Enfermedades y su Prevención, brazo operativo del Departamento de Salud estadunidense, en dicho país hay poco más de 2 millones de adictos a los opiáceos, al tiempo que la mitad de los muertos el año pasado por sobredosis contaba con una receta médica, factor esencial éste para que la nueva guerra del opio se centre donde debe, no al sur.

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