A la intemperie

El difícil arte de guardar silencio

El silencio de los ex presidentes fortalece a la institución y evita dejar ver que a veces no hay nada qué decir.

Dice el ex presidente Calderón que pondrá de su parte para apoyar los propósitos personales de su esposa, Margarita Zavala, así sea con mi silencio si es necesario... con lo que sea (El Universal, agosto 25). El silencio es una buena manera de generar entendimiento en una pareja, ya que quien no entiende los silencios del otro probablemente tampoco entenderá sus palabras. El ex presidente dice también en esa misma entrevista que “México siempre necesita que los ex presidentes asumamos el mayor grado de responsabilidad del que seamos capaces”, y en un elegante jab de izquierda ante las críticas constantes que ha recibido de Vicente Fox, añade que “quizás ése es el mayor grado de responsabilidad de lo cual él (Fox) es capaz, y eso explica muchas cosas”. En efecto, hay quien ignora una de las máximas del filósofo moderno Woody Allen, cuando dice que “Dios es silencio; si tan solo el hombre se callara...”.

Touché aparte con la esgrima verbal de Calderón, no es fortuito que la entrevista que contiene, entre otras, dichas declaraciones se haya dado en el contexto del espacio previo al segundo Informe de gobierno. Del conjunto de la entrevista queda el mensaje de que previo al informe, en el que era perfectamente previsible el recuento de la etapa más productiva de reformas en el México moderno, el ex presidente tenía que dejar asentado que él no pudo hacer más en su gobierno “porque salía caro el apoyo a las reformas... porque había requerimientos muy difíciles de conceder...”. En esencia, porque la oposición no le dejó gobernar. En esencia, porque no fui yo, sino los otros.

La inteligencia de Felipe Calderón está fuera de duda. Lo mismo el respeto con el que se maneja hacia las instituciones y quienes tienen la responsabilidad de dirigirlas (acaso salvo en su propio partido). El tema en particular de estas líneas, sin embargo, más que la efectividad del gobierno o el papel de las oposiciones, es el rol de los ex presidentes y de qué manera su comportamiento contribuye a fortalecer, o a debilitar, a la misma institución de la que en su momento se responsabilizaron. Es claro que la institución presidencial no se beneficia con reproches, añoranzas o lamentos de sus titulares previos, y no se ve en qué pueda beneficiarle al ex presidente Calderón o a su partido el promover una amplia entrevista cuyo objetivo central parece ser simplemente el querer justificarse.

Por otra parte, los juicios del ex presidente no se quedaron sin su réplica. En un “uno-dos” reminiscente de algunas de las buenas prácticas políticas del pasado, cuando los secretarios o líderes políticos no dejaban solo al Presidente ante críticas o cuestionamientos de terceros, tanto el secretario Osorio Chong como el diputado Beltrones respondieron sin rodeos sobre el supuesto “precio” que la oposición ponía a los intentos de reformas calderonistas. “En esta administración, el Ejecutivo no ‘aventó’ las iniciativas de reforma al Poder Legislativo, sino que les daba seguimiento y las acompañaba con política para hacerlas realidad... política que hizo posible el Pacto por México”, argumenta el secretario. “Si no le gustó la profundidad de las reformas (en su gobierno) es porque así fueron propuestas”, es el comentario del diputado Beltrones, quien añade “la presidencia se logra con audacia y arrojo. La ex presidencia se debería vivir con respeto, decoro y prudencia” (El Universal, agosto 27 y 28).

Calderón ganó la Presidencia, en efecto, gracias a su audacia y arrojo. Cuando todo mundo vaticinaba que sería Santiago Creel el candidato panista que perdería la elección ante López Obrador, “el hijo desobediente” se impuso a ambos y por eso, con el tiempo, en ocasiones era difícil discernir quién era el más crítico de su gobierno, si Fox o López Obrador, ninguno de los cuales ha asimilado que el silencio es tanto una fuente de fuerza como de autoridad (Lao Tsé). Ahora, más allá de la inevitable tentación cotidiana para salir a decir que esto o aquello no fue como se dice que fue, está por verse qué tan frecuentemente el ex presidente Calderón sabrá recurrir con gracia a la táctica inmejorable de don Adolfo Ruiz Cortines, de quien se dice gustaba decir... “¡Permítame el privilegio de mantenerme callado!”.

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