A la intemperie

Algo está cambiando / y II

Dice el National Geographic que conforme la mariguana en Estados Unidos se vuelve algo cotidiano (mainstream), crecen también sus supuestas propiedades medicinales. ¿Qué hacer ante ello? Investigar. Reconocer que su peligrosidad, que la tiene, no es ni cercana a la de la heroína o el LSD y que, por ende, clasificarse en otra categoría dentro la Ley de Sustancias Controladas permitiría su estudio. “No puede haber ciencia detrás de algo que no se pueda medir y evaluar”.

En una entrega reciente, Aguilar Camín narra la rendición de la propia agencia estadunidense responsable de aplicar la ley en la materia, la DEA. Ha dejado de perseguir la mariguana porque, evidentemente, hay otras prioridades: los opiáceos (Guerrero) y la heroína, la que con su sinestesia parece reflejar parte del ánimo nacional: vemos sonidos, oímos colores.

Y cómo no tener esa sensación de viaje dañino y peligroso, cuando cada vez se constata el sinsentido de la prohibición actual sobre la mariguana. La revista señalada defiende que se investiguen sus propiedades, la DEA dice no tener respuestas ante el problema y El Financiero nos presenta el martes a plana entera algunas fortunas legales alrededor del negocio de la droga. Hay nuevos millonarios que son, inclusive, menores de edad: no solo no podrían fumarla (y ojalá no lo hicieran); tampoco podrían tomar una cerveza en un lugar público.

Además, nada de esto es nuevo, aunque algo esté cambiando. Don Vitelio Lanz hace el favor de compartir una entrevista de Milton Friedman, sí, un campeón del conservadurismo estadunidense, incluso más que el National Geographic. En 1991, 15 años después de haber recibido el Premio Nobel de Economía, el padre del monetarismo argumenta con una lucidez que acrecienta su relevancia, dado lo sucedido en estos 25 años, que con la legalización de las drogas (no se especifica cuáles) (…) “América tendría la mitad de prisiones, la mitad de reclusos, 10 mil homicidios menos al año, barrios urbanos en los que habría una oportunidad para gente pobre que viviría sin temer por sus vidas, ciudadanos que podrían ser respetables —pero que ahora son adictos— no convirtiéndose en criminales para obtener su droga, pudiendo obtenerla con garantías de calidad. Ya sabe, ahora ocurre lo mismo que bajo la prohibición del alcohol.” http://goo.gl/M3ezXV

Pregunta Aguilar Camín si ante todo esto hay alguien que escuche. En 2016, la Asamblea General de la ONU sostendrá una sesión especial para revisar y reorientar las políticas nacionales en la materia. La comisión establecida para guiar el proceso ya se ha decantado en favor de una nueva orientación que, manteniendo la salud en el centro, reconozca que el sistema actual no está funcionando y que se requieren cambios con urgencia. Es probable que sea la última llamada.

 

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