A la intemperie

Una buena dosis de realidad

“No importa el color del gato mientras atrape ratones”. No importa “el color del oro negro” mientras genere los beneficios necesarios.

En los últimos 10 años, las reservas petroleras del país han caído 31%, de 14.1 mil a 9.8 mil millones de barriles de petróleo, y la producción 24%, de 3.8 a 2.9 millones de barriles diarios. Dado que el consumo interno se ha mantenido estable en estos años, en el orden de 2.1 millones de barriles diarios, el margen de exportación de petróleo viene reduciéndose, de 44% de la producción total hace una década a 26% ahora. ¿Faltan motivos para inquietarse? Los costos de extracción de Pemex han aumentado 143% en el mismo periodo (El Financiero, mayo 12), creciendo a un ritmo anual de 15% en los últimos años. Reservas, producción y capacidad de exportación a la baja, costos al alza: tendencia inevitable a convertirnos en un país importador neto de petróleo, salvo cambios de la dimensión propuesta en el paquete de leyes reglamentarias a ser discutidas y votadas en unas semanas más entre partido y partido.

Por lo pronto, más preocupante que el déficit comercial con China (el cual, sin embargo, sustenta varias cadenas de exportación) es el déficit en la balanza petrolera con Estados Unidos (balanza que, además de petróleo crudo, incorpora sus derivados, petroquímicos y gasolinas). Según todo parece indicar, el déficit por 551 millones de dólares al primer trimestre de este año, según información de Banco de México, es el primero desde que se cuenta con este tipo de registros estadísticos (más menos, hace seis décadas) y mismo que se debe a una caída de 12% en la exportación, caída que se explica sobre todo por menores precios, pero también por una menor cantidad exportada. Caídas por los dos lados pues.

Quinientos cincuenta y un millones de déficit en un volumen de comercio de 17 mil millones de dólares de productos petroleros no son mucho. Lo preocupante, claro, no es el nivel sino la tendencia. Y lo que ésta refleja, tanto por lo que corresponde al cada vez menor superávit en la balanza petrolera global (apenas mil 214 millones de dólares en el primer trimestre del año, solo la mitad del superávit un año antes) como respecto al cambio en las ventajas comparativas en materia energética entre nuestro país y el vecino del norte.

Atrás quedaron los tiempos en los que éramos el quinto productor de petróleo del mundo (hoy somos el noveno). De manera simultánea, Estados Unidos se han convertido en el segundo productor mundial y crecientemente su margen de importación neta es menor, de forma tal que no es exagerado decir que la cada vez más próxima autosuficiencia energética del vecino del norte debe figurar en un lugar prominente del mapa de riesgos para la seguridad nacional de México. Claro que, traducido a un vernáculo local, una parte de la argumentación de quienes se oponen a permitir inversión privada en el sector energético de nuestro país se traduce, en la práctica, en crear y mantener una futura dependencia energética de México en Estados Unidos. Como si la soberanía se salvaguardara no por el hecho de tomar nuestras propias decisiones en beneficio de un mejor nivel de vida de los mexicanos, sino por impedir que extranjeros vengan a invertir “en nuestro petróleo”. Curiosa paradoja como tantas otras en la vida diaria: impedir inversión privada en el país es el mejor negocio… para los productores extranjeros que nos surten de todo aquello que no podemos producir nosotros mismos.

El país necesita una buena dosis de realidad. Independientemente de creencias e ideologías, cualquier análisis serio y racional sobre nuestro sector energético muestra una situación de gran vulnerabilidad para el país a la vuelta de la esquina. Aunque con frecuencia la realidad puede confundirse con la imaginación, el voluntarismo o en algunos casos inclusive con la locura, el hecho es que en ausencia de importantes volúmenes de inversión nuestro país desperdiciaría la plataforma más importante para su desarrollo. Por ello, no se puede exagerar la relevancia del próximo periodo extraordinario de sesiones del Congreso para generar la palanca de desarrollo que México necesita. Si no es ahora, ¿cómo, cuándo, con quién?

mp@proa.structura.com.mx