A la intemperie

De antiguos funcionarios y políticos perpetuos

El simbolismo del día de la amistad nunca ha servido de nada cuando se trata de cuestionar a los adversarios políticos. No sirve de tregua ni de trinchera ni de reflexión. Y no es que estemos hablando de “dimes y diretes” entre individuos de una persuasión ideológica distinta, entre aquellos que se encuentren “del otro lado del pasillo”, como se dice. Simplemente hay que ver el trato cotidiano que caracteriza las interrelaciones de la izquierda o la derecha para constatar que el “fuego amigo” es frecuentemente el que más quema. Lo mismo sucedió con el PRI en aquellos años cuando recién aprendía a caminar fuera de Los Pinos, todo lo cual demuestra fehacientemente que si bien el poder desgasta, su ausencia desgasta todavía más.

Parece, sin embargo, que el infructuoso y lamentable espectáculo de ejercitar la crítica personal entre quienes hasta hace poco eran, o cuando menos se decían, aliados no es suficiente. Por tanto, hay ahora una nueva faceta de la crítica que ejercen los dueños de la tribuna (aunque en este caso no solo de la tribuna legislativa) y es la de cuestionar la labor profesional de quien habiendo ejercido una función pública decide, por así convenir a sus intereses o por las razones que fueran (como el haber sido jubilado de la política), desempeñarse profesionalmente en el sector privado.

Había una época, tiempos idos, en los que nadie se jubilaba del sector público por su propia voluntad. Como decía el clásico, “la política es como la rueda de la fortuna… en ocasiones se está arriba y en ocasiones abajo, pero el chiste es no bajarse nunca”. Así, terminada una gestión como secretario de Estado, por ejemplo, todo mundo pasaba a ser embajador o director de una paraestatal o un oculto asesor del sustituto en lo que de nueva cuenta se abría el abanico de los espacios públicos.

Pero en muchos aspectos el país ha venido cambiando, afortunadamente. Por un lado, el peso del sector público en la economía pasó de ser cerca de 47 por ciento al término del sexenio de López Portillo a la mitad treinta años después. Directamente relacionado con ello, de las mil 115 empresas paraestatales existentes al inicio del gobierno de Miguel de la Madrid, cuatro quintas partes de ellas fueron vendidas, fusionadas o liquidadas, todo lo cual reducía ampliamente las oportunidades de empleo público para ex funcionarios de nivel. Y finalmente vino la alternancia, con lo que un número importante de individuos de gran nivel decidieron ejercer su legítimo derecho para ganarse la vida aprovechando su experiencia y sus conocimientos. Sus conocimientos, claro, del know how, know who, know why, know when, en fin.

¿Qué dice al respecto la ley de responsabilidades de los servidores públicos? Que todo servidor público, y hasta un año después de dejar su cargo, tendrá que abstenerse de recibir bienes, donaciones, empleo o comisión en actividades profesionales, comerciales o industriales directamente vinculadas, reguladas o supervisadas por el servidor público que implique intereses en conflicto. Transcurrido ese primer año, todo ex funcionario podrá emplearse y ganarse la vida dignamente como mejor le parezca (artículo 47).

Pero el nuestro no es un país que acepte de manera fácil el éxito de otros, a no ser que sean boxeadores, futbolistas (y eso a veces), acaso músicos o algún otro perdido por ahí. Así, sobre todo en el contexto de la reforma energética, viene siendo crítica fácil y ramplona cuestionar el que ex funcionarios se desempeñen ahora en el sector privado, sea en empresas directamente involucradas en el sector energético o en proveedoras de servicio a ellas. Sobre todo, ¡uff!, si son empresas de capital de origen extranjero, aunque sean mexicanas. Aunque estén establecidas bajo las leyes de México y paguen impuestos y generen empleos aquí.

Es curiosa la mentalidad de muchos que se dicen de izquierda, fuente más común de la crítica a los antiguos funcionarios. Varios de ellos, por cierto, probablemente nunca han trabajado y obtenido un solo ingreso de manera legal que no haya venido de algún presupuesto público. Desearían mantener el viejo esquema legal en lo energético, el que beneficia a empresas extranjeras en contraposición de empresas mexicanas, al tiempo que por lo visto solo desearían que hubiera extranjeros al frente de nuestras empresas. Quema más el fuego de la envidia.

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