A la intemperie

“Veinte años no es nada”

Los sentimientos de enojo y desilusión son comunes a 1994 y ahora. En aquel entonces, supuestamente el país se encaminaba al primer mundo.

Hasta antes del clásico “Volver”, escrito por Alfredo Le Pera e inmortalizado por Carlos Gardel en 1934, puede que un par de décadas parecieran demasiado tiempo cuando menos en la vida de una persona. Como si fueran poco más de 7 mil 300 días. Acaso desde entonces se ha vuelto lugar común decir que “20 años no es nada”. Ahora, a tres sexenios y un tercio de aquel aciago año de 1994, resulta que tiene tantas cosas en común con este, que pareciera que se conectan de manera directa.

Empecemos por los sentimientos de enojo, desconfianza y desilusión que son comunes a ambos años. En aquel entonces, supuestamente el país se encaminaba a ingresar al primer mundo. El paquete de reformas legales del presidente Salinas era el más ambicioso y exitoso en décadas, solo para despertarnos el primero de enero de ese año con la noticia de que habíamos olvidado algo. Era algo importante, como dimensionar el tamaño del abandono en que vivían millones de indígenas, carentes de boleto para participar del beneficio de la modernidad.

Nuestra sensación actual no es muy diferente. Hace apenas tres meses, “el ciclo de reformas había terminado” y con él supuestamente el país abriría una puerta ancha para transitar hacia el progreso. El paquete de reformas legales del presidente Peña era el más ambicioso y exitoso en décadas, inclusive más amplio y profundo que el de Salinas, solo para despertarnos a fines de septiembre con la noticia de que habíamos olvidado algo. Es algo importante, como dimensionar el tamaño de la inseguridad en que viven millones de mexicanos, carentes de boleto para participar del beneficio del estado de derecho.

A la similitud entre ambos años por la dolorosa sensación social de desengaño, hay que añadir las expresiones sociales de protesta. En aquel entonces, éstas se manifestaban por la defensa del indigenismo y la oposición a las reformas estructurales, básicamente el TLC, las privatizaciones y la reforma al agro. Ahora, la protesta se manifiesta por la defensa del reclamo de justicia y la oposición a las reformas estructurales, básicamente la reforma educativa y la energética.

Lo que se ha visto en la calle en semanas recientes tiene cierto aire con lo que se veía hace 20 años. Claro que en ese entonces cuando menos la ausencia de un mesías antisistema evitaba que la sociedad fuera víctima un día sí y otro también de las patrañas del momento, como esa de la renuncia del Presidente o del crimen de Estado y tantas otras. Claro que en ese entonces la ausencia de una oposición irresponsable, aún no engolosinada con las mieles del poder, evitaba que la Asamblea Legislativa cayera en actitudes ilegales, como la modificación retroactiva del artículo 362 del Código Penal de la Ciudad de México a fines de 2012, modificación hecha no solo para liberar a los vándalos del famoso 1DMx, sino para darles carta blanca a todos los subsecuentes, como se ha comprobado hasta la triste saciedad.  Y claro que la world wide web tenía menos de un año de creada por Tim Berners-Lee y las redes sociales no existían ni en el concepto y el celular era aún un objeto de lujo y el mundo no era lo que es.

Pero de que hay una sensación de hartazgo compartida entre ese año y el actual, la hay. Como lo mismo sucede con el reclamo social ante la creencia de que hoy existen empresarios consentidos, como los había entonces; ante la corrupción que no cesa, como la había entonces y simbolizaba “Mr. 10 per cent”; ante la sensación de que a los políticos no les interesa la vida de las personas, sino únicamente la suya propia. Claro que en aquel entonces, el funesto 1994 era el último año del sexenio y la siempre esperada renovación se veía pronta; ahora faltan cuatro años y no se ve si el gobierno quiera retomar los bártulos para enmendar el plan de vuelo y rehacer el viaje. Si a todo ello se le suman los temores sociales de entonces y ahora por el tipo de cambio, acaso haya que mirar más de cerca 1994 para salir bien de 2014.

El día que me quieras fue el nombre de la película en la que Gardel estrenó “Volver”. Acaso eso espera nuestro país, que le queramos con todo lo que ello significa, para volver.

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