A la intemperie

Uso de suelo

Dicen que quien falla para planear planea para fallar. La Ciudad de México es un vivo ejemplo de cómo la falta de planeación urbana a lo largo de tantas décadas ha generado la multiplicidad de pequeños caos que se viven cada día (algunos no tienen nada de pequeños). Ahora, a pocas semanas de que termine el periodo de la actual Asamblea Legislativa, con base en la Ley de Desarrollo Urbano ésta viene considerando un enorme cúmulo de solicitudes para cambiar el uso de suelo a diversos predios.

Las ciudades son entes vivos, no hay duda. Como señala el titular de Seduvi en la capital, Felipe de Jesús Gutiérrez, hay que verlas y entenderlas a la luz de fenómenos demográficos y económicos. Por ello no es posible aplicarles aquella máxima de Mafalda que decía “paren al mundo que me quiero bajar”: este mundo no se para y por tanto las ciudades no pueden quedarse inmóviles. Cierto. Pero de ahí a lo que todo indica es una política más bien casuística de cambios de uso de suelo para favorecer a estas o aquellas peticiones, hay un trecho enorme.

Cierto también, las leyes disponen la elaboración de estudios de impacto ambiental con consideraciones técnicas acerca de la viabilidad en el cambio de uso de suelo; mandatan la necesidad de que sesione éste o este otro comité y se coloquen mantas en los predios objeto de estudio, pero en el fondo hay una enorme desconfianza ciudadana sobre el tema. Cómo no la habría, cuando en cada una de las mil 775 colonias de la ciudad hay casos de evidente violación en el uso de suelo, hayan sucedido ayer o hace 10 o 20 años. El nuestro no es un país carente de leyes, sino solo de su aplicación.

MILENIO Diario ha detallado (19 de junio) cómo, de aprobarse los cambios de uso de suelo pendientes, esta sexta Legislatura estaría incrementando en 800 por ciento (¡800%!) dichas autorizaciones en comparación con su antecesora. “Ningún inversionista construiría primero para después buscar el cambio de uso de suelo”, dicen las autoridades. Pero la misma nota de MILENIO Diario y otras (Reforma, 25 de junio) presentan uno a uno los casos ahora pendientes de quienes han preferido pedir perdón que permiso: acaso es parte de la tragedia inevitable del funcionario: su actuar conforme a derecho normalmente no es visible a la sociedad, pero ¡ah! cómo son evidentes los casos en los que no es el interés público el que prevalece.

Parafraseando la máxima juarista, bien podría decirse que “entre los vecinos como con los desarrolladores, el respeto al uso del suelo es la paz”. Su ausencia, claro, es lo que motiva una sociedad civil cada vez más activa y organizada. Enhorabuena por esto último.

 

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