Renta petrolera

Mi tía Cleta cree entender más o menos qué se quiere decir con el término “renta petrolera” y sin embargo lo más seguro es que esté completamente equivocada. Al igual que muchos otros millones de mexicanos, escucha “renta” y cree que se trata de algún pago periódico, fijo y seguro que alguien debe dar a alguien más por algún asunto relacionado con el petróleo. ¿Pero quién debe pagar a quién? ¿Cómo? ¿Cuánto? ¿Cada cuándo? ¿Pemex debe pagarle renta a alguien por explorar yacimientos de petróleo o procesarlo en su propiedad? ¿O debe hacerlo porque la venta de petróleo se reserva en exclusiva al gobierno? Pobre tía Cleta, capaz y piensa que inclusive es a la inversa y que somos los mexicanos quienes debemos hacerle a Pemex un pago cada cierto tiempo por tratarse de la empresa que carga con la soberanía del país. O al menos así parece de buena parte de la discusión de estos días.

En el fondo, la tía Cleta no tiene la culpa, como tampoco la tienen millones más. Pero estamos frente a uno de los términos clave en toda la deliberación sobre la reforma energética y bien vale la pena detenernos en él un poco.

En esencia, quienes se oponen a la propuesta del presidente Peña Nieto argumentan con vehemencia —ciega, como todas las vehemencias— que “¡serán los inversionistas privados quienes se van a quedar con la renta petrolera!”. El gobierno responde que ésta seguirá siendo de los mexicanos, aunque éstos no entiendan bien a bien qué es aquello que seguirá siendo suyo. Así, la “renta petrolera” no es sino la diferencia entre el valor de los hidrocarburos extraídos del subsuelo a precios de mercado internacional menos los costos de extracción. En otras palabras, dependiendo del precio al que se venda el petróleo (que no se ve cómo pueda seguir aumentando en el futuro), de la cantidad de petróleo que se extraiga (la cual viene cayendo en México en la última década) y de los costos de producción (los que vienen aumentando al irse terminando la época del “petróleo fácil”) la “renta petrolera” será la riqueza residual que el gobierno tome de Pemex para invertir en fines alternativos.

El petróleo y los hidrocarburos existentes en el subsuelo son y seguirán siendo propiedad de la nación para beneficio de los mexicanos. Pero de nada nos sirven estando ahí sin que puedan explotarse y venderse de forma tal que se maximice… la renta petrolera. No se comen ni se beben ni se inhalan; se venden para satisfacer necesidades reales con el producto de esos ingresos. Por tanto, el objetivo primordial a proteger ni siquiera tendría por qué ser el de la propiedad del recurso —el que “seguirá siendo nuestro”, como reza la publicidad gubernamental— sino la maximización de la renta petrolera. En otras palabras, qué hacer para que el Estado tenga cada vez más recursos con los cuales satisfacer otras necesidades de la población, lo que se apalanca evidentemente en un régimen que mantenga la propiedad del recurso en manos del Estado.

Pero en estos días algunos hablan con una suficiencia tal como si hubieran aprendido algo en la escuela. En realidad, su ignorancia y resentimiento los delatan. Por eso, son abundantes en adjetivos y raquíticos en hechos, en conceptos, en entendimiento. Y por eso, aunque no entienda del todo qué es eso de la “renta petrolera”, la tía Cleta y muchos como ella sí se dan cuenta cuando alguien quiere engañarlos diciendo una vez más que se trata “del robo del siglo… de una vacilada… de una traición a la patria… de un engaño, pues sacar petróleo es retefácil… de una forma para llenarse los bolsillos”.

No cabe duda, cualquiera que haya ido a la escuela y aprendido aunque sea lo básico en economía podrá saber I) que el precio del petróleo se determina internacionalmente; II) que si se aumenta la inversión, podrá crecer la producción de energía, y III) que si te asocias con otros e incorporas mejoras tecnológicas, podrás bajar los costos de producción. Si tomamos II) y III), en esencia estamos incrementando la renta petrolera al haber mayor oferta y menores costos. Ergo, los mexicanos, los que somos los dueños del recurso y de la renta que derivemos de él, estaríamos mejor que simplemente siendo dueños de algo que no podemos explotar debidamente.