A la intemperie

“¡Quieren privatizar el agua!”

No hay quien argumente que nuestro país es ejemplo de virtudes en el cuidado de sus recursos naturales. Lo más probable es que suceda lo contrario. Aire, bosques, suelo, agua; tenemos la práctica de desdeñar su conservación, su uso racional y eficiente. Como si racionalidad y eficiencia fueran anatema al sentido de la justicia.

Nuestro desdén en la materia es aún más imperdonable si tomamos en cuenta que ya desde el tercer foro mundial del agua, el celebrado en Kyoto en 2003, se volvió lugar común señalar que, en el futuro, las guerras ya no solo se darán por petróleo sino por agua. Cuando menos así lo vaticinaba entonces un informe de la ONU (http://goo.gl/RkU7xp ), para la que el agua para consumo humano disminuirá continuamente a causa del crecimiento poblacional, de la contaminación y del cambio climático.

Así, cualquiera pensaría que ante la apremiante necesidad por actualizar el marco jurídico en materia de agua, los señores legisladores aprovecharían la oportunidad para colgarse una medalla a menos de tres meses de las elecciones intermedias, pero no. Estamos, en efecto, en época electoral. Y como nada importa más que aumentar un puntito o dos en la intención de voto, hay que desatar un caudal, una tromba de declaraciones ramplonas, pero llamativas para posicionarse ante los posibles electores, cansados por cierto de tanto intento de posicionamiento fútil, barato y por tanto contraproducente de los partidos políticos.

Al grito de “¡quieren privatizar el agua!”, algunos legisladores de una izquierda que no ingresará al futuro mientras no pueda zafarse del pasado han detenido la discusión y aprobación de una nueva Ley General de Aguas necesaria para el país. Considerados por el diputado Beltrones como “de lento aprendizaje” (mi Tía Cleta dice que “generosamente”), han dejado de nueva cuenta en el limbo cómo promover tres principios constitucionales necesarios para el desarrollo del país: el respeto al derecho humano al agua, su uso sustentable y la conservación del medio ambiente. Y todo por tener una bandera con la cual envolverse de cara al primer domingo de junio. Véase si no el diario La Razón del 10 de marzo: documenta las concesiones otorgadas a diversas empresas privadas para operar el suministro de agua en la Ciudad de México. ¿El otorgante? López Obrador. ¿Los resultados? El sistema de aguas en la capital opera mejor que el resto de los servicios públicos.

Decía Gandhi que “la tierra provee suficiente para satisfacer la necesidad de cada hombre, mas no para satisfacer su avaricia”. Tenía razón. El problema es que tampoco provee lo suficiente para satisfacer el resultado de su ignorancia.

 

mp@proa.structura.com.mx